Hay una enseñanza del Rabino Avigdor Miller que nos invita a reflexionar profundamente sobre qué significa realmente servir a Hashem.
Muchas veces pensamos que nuestra espiritualidad se mide por cuánto rezamos, cuánto estudiamos o cuán estrictamente cumplimos nuestras obligaciones. Pero el judaísmo también nos enseña que existe un momento en el que una persona debe saber detenerse y preguntarse: ¿qué necesita el otro de mí en este momento?
Rav Miller cuenta una historia sobre Rav Israel Salanter. Una noche de Kol Nidrei, Rav Israel llegó tarde al Beit Hakneset. Al buscarlo, lo encontraron en una casa, meciendo el cochecito de un bebé que lloraba mientras su madre se encontraba en el Beit Hakneset.
Rav Israel podría haber pensado que debía priorizar su propia Tefilá. Sin embargo, comprendió que en ese momento había una criatura judía sufriendo y necesitaba de alguien que la ayudara.
La enseñanza es muy grande: a veces, ayudar a otro Yehudí es precisamente nuestra forma de servir a Hashem.
Lo mismo sucede en tantos ámbitos de la vida. Un marido que se levanta durante la noche para ayudar a su esposa con un bebé, aunque eso implique estar más cansado para la Tefilá de la mañana, no está necesariamente alejándose de la espiritualidad. Puede estar realizando una de las formas más elevadas de espiritualidad: ben adam lejaveró, preocuparse verdaderamente por otro ser humano.

Pero esta enseñanza también nos exige algo más: aprender a mirar más allá de las apariencias.
Rav Israel Salanter fue visto una vez conversando durante un largo tiempo con una mujer casada. Sus alumnos se sorprendieron, porque conocían la enseñanza de Pirkei Avot sobre no conversar excesivamente con una mujer.
Más tarde explicó que había visto a aquella mujer dirigirse hacia el río. Sabía que había perdido recientemente a un hijo y temía que pudiera hacerse daño. Por eso se acercó, habló con ella, la consoló y trató de devolverle esperanza.
Lo que parecía, superficialmente, una transgresión, era en realidad un intento de salvar una vida.
Por eso nuestros Sabios hablan del concepto de jasid shote, la persona que quiere ser tan piadosa que termina perdiendo el sentido de lo que realmente Hashem espera de él..
La Torá no nos pide una religiosidad ciega. Nos pide sensibilidad, responsabilidad y criterio.
Cuando vemos a alguien que necesita ayuda, no debemos esperar siempre a que otro dé el primer paso.
Cuando alguien está enfermo, debemos rezar por él.
Cuando alguien está atravesando un momento difícil, debemos acompañarlo.
Cuando alguien necesita nuestra ayuda, debemos estar dispuestos a sacrificar algo de nuestra comodidad.
Y cuando tenemos que elegir entre nuestra comodidad y el bienestar de otro, debemos recordar que el amor al prójimo también es una forma de Avodat Hashem.
Que podamos aprender de nuestros grandes maestros a mirar al otro con sensibilidad y a entender que detrás de cada persona hay un mundo entero, con dolores, necesidades y luchas que muchas veces desconocemos.
Que Hashem nos dé la sabiduría para saber cuándo rezar, cuándo estudiar, cuándo cumplir una mitzvá y, sobre todo, cuándo dejar todo eso por un momento para ayudar a un judío que nos necesita.











