Canalizar Lo Negativo Hacia Lo Positivo

Querida comunidad:

Esta semana estudiamos Parashá Noaj, y la Torá nos presenta a Noaj con palabras extraordinarias:

“Noaj era un hombre justo, íntegro en sus generaciones”.

No es un elogio menor. Noaj vivió rodeado de una sociedad profundamente deteriorada, marcada por la corrupción, la violencia y la falta de límites. Y, sin embargo, logró mantenerse firme.

Esto nos plantea una pregunta muy actual: ¿cómo podemos conservar nuestros valores cuando estamos rodeados de influencias que muchas veces nos alejan de ellos?

El Talmud nos enseña una respuesta sorprendente a través de las palabras de Ben Zomá:

“¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todos”.

¿De todos? Incluso de aquellos que no son ejemplos positivos.

La enseñanza profunda es que una persona sabia no solamente sabe distinguir entre el bien y el mal. También sabe observar una realidad negativa y descubrir qué puede aprender de ella sin dejarse arrastrar por ella.

Podemos ver a una persona actuar con una enorme pasión en algo equivocado. No tenemos que imitar aquello que hace, pero sí podemos preguntarnos: ¿qué puedo aprender de esa pasión? ¿Cómo puedo llevar esa misma fuerza hacia algo bueno?

Podemos ver a alguien perseverar durante horas para alcanzar un objetivo material y preguntarnos: ¿tengo yo esa misma perseverancia para mis valores, para mi familia, para mi relación con Hashem?

Podemos incluso encontrarnos con personas que tienen defectos que nos molestan profundamente, y preguntarnos: ¿qué me está enseñando esto sobre mí mismo? ¿Qué puedo corregir en mi propia vida?

Eso es lo que hizo Noaj.

El mundo que lo rodeaba podía haberlo convertido en alguien más. Sin embargo, él consiguió tomar las fuerzas que existían a su alrededor y canalizarlas hacia un propósito superior.

Hay incluso una hermosa enseñanza en su propio nombre. La Torá dice que Noaj encontró jen, “favor”, ante los ojos de Hashem. Las mismas letras de Noaj —נח— invertidas forman jen —חן—.

Como si la Torá nos insinuara que Noaj tenía una capacidad especial: invertir una realidad y transformarla.

Y quizás esa sea una de las grandes tareas de nuestra vida.

No siempre podemos elegir aquello que encontramos en nuestro camino. No podemos controlar todas las conversaciones que escuchamos, las personas que conocemos, las dificultades que atravesamos ni las influencias que aparecen delante nuestro.

Pero sí podemos decidir qué hacemos con aquello que recibimos.

Una dificultad puede convertirse en amargura o en fortaleza.

Una crítica puede convertirse en resentimiento o en crecimiento.

La ambición puede llevarnos al egoísmo o puede convertirse en esfuerzo y superación.

La pasión puede llevarnos por un camino equivocado o puede encender nuestro compromiso con la Torá y las mitzvot.

Noaj nos enseña que incluso en una generación difícil es posible construir una vida de santidad.

La pregunta no es solamente qué hay alrededor nuestro.

La pregunta es:

¿Qué estamos haciendo nosotros con aquello que hay alrededor nuestro?

Que esta semana podamos aprender a mirar la realidad con otros ojos. Que sepamos reconocer nuestras propias fuerzas, incluso aquellas que a veces utilizamos de manera equivocada, y aprender a dirigirlas hacia lo que realmente vale la pena.

Porque crecer no significa vivir en un mundo sin influencias negativas.

Crecer significa aprender a transformar esas influencias en una oportunidad para acercarnos más a Hashem y convertirnos en la mejoQuerida comunidad:

Esta semana estudiamos Parashá Noaj, y la Torá nos presenta a Noaj con palabras extraordinarias:

“Noaj era un hombre justo, íntegro en sus generaciones”.

No es un elogio menor. Noaj vivió rodeado de una sociedad profundamente deteriorada, marcada por la corrupción, la violencia y la falta de límites. Y, sin embargo, logró mantenerse firme.

Esto nos plantea una pregunta muy actual: ¿cómo podemos conservar nuestros valores cuando estamos rodeados de influencias que muchas veces nos alejan de ellos?

El Talmud nos enseña una respuesta sorprendente a través de las palabras de Ben Zomá:

“¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todos”.

¿De todos? Incluso de aquellos que no son ejemplos positivos.

La enseñanza profunda es que una persona sabia no solamente sabe distinguir entre el bien y el mal. También sabe observar una realidad negativa y descubrir qué puede aprender de ella sin dejarse arrastrar por ella.

Podemos ver a una persona actuar con una enorme pasión en algo equivocado. No tenemos que imitar aquello que hace, pero sí podemos preguntarnos: ¿qué puedo aprender de esa pasión? ¿Cómo puedo llevar esa misma fuerza hacia algo bueno?

Podemos ver a alguien perseverar durante horas para alcanzar un objetivo material y preguntarnos: ¿tengo yo esa misma perseverancia para mis valores, para mi familia, para mi relación con Hashem?

Podemos incluso encontrarnos con personas que tienen defectos que nos molestan profundamente, y preguntarnos: ¿qué me está enseñando esto sobre mí mismo? ¿Qué puedo corregir en mi propia vida?

Eso es lo que hizo Noaj.

El mundo que lo rodeaba podía haberlo convertido en alguien más. Sin embargo, él consiguió tomar las fuerzas que existían a su alrededor y canalizarlas hacia un propósito superior.

Hay incluso una hermosa enseñanza en su propio nombre. La Torá dice que Noaj encontró jen, “favor”, ante los ojos de Hashem. Las mismas letras de Noaj —נח— invertidas forman jen —חן—.

Como si la Torá nos insinuara que Noaj tenía una capacidad especial: invertir una realidad y transformarla.

Y quizás esa sea una de las grandes tareas de nuestra vida.

No siempre podemos elegir aquello que encontramos en nuestro camino. No podemos controlar todas las conversaciones que escuchamos, las personas que conocemos, las dificultades que atravesamos ni las influencias que aparecen delante nuestro.

Pero sí podemos decidir qué hacemos con aquello que recibimos.

Una dificultad puede convertirse en amargura o en fortaleza.

Una crítica puede convertirse en resentimiento o en crecimiento.

La ambición puede llevarnos al egoísmo o puede convertirse en esfuerzo y superación.

La pasión puede llevarnos por un camino equivocado o puede encender nuestro compromiso con la Torá y las mitzvot.

Noaj nos enseña que incluso en una generación difícil es posible construir una vida de santidad.

La pregunta no es solamente qué hay alrededor nuestro.

La pregunta es:

¿Qué estamos haciendo nosotros con aquello que hay alrededor nuestro?

Que esta semana podamos aprender a mirar la realidad con otros ojos. Que sepamos reconocer nuestras propias fuerzas, incluso aquellas que a veces utilizamos de manera equivocada, y aprender a dirigirlas hacia lo que realmente vale la pena.

Porque crecer no significa vivir en un mundo sin influencias negativas.

Crecer significa aprender a transformar esas influencias en una oportunidad para acercarnos más a Hashem y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.r versión de nosotros mismos.