Acostumbrarse a Las Transgresiones

Esta semana nos encontramos con Parashat Nitzavim-Vaiélej, una parashá que llega en un momento especialmente significativo del calendario judío: los días previos a Rosh Hashaná y a las Grandes Festividades.

La Torá nos habla en estos días de responsabilidad, de elección y, fundamentalmente, de la posibilidad de volver a comenzar.

Hay una enseñanza de la parashá que merece nuestra especial atención: el peligro de acostumbrarnos a aquello que sabemos que no está bien.

La Torá describe las idolatrías que el pueblo había visto entre las naciones y las llama “abominaciones e ídolos detestables”. Sin embargo, inmediatamente habla de ellos como objetos hechos de madera, piedra, plata y oro.

El Rav de Brisk explica algo profundo sobre la naturaleza humana.

Cuando vemos algo malo por primera vez, muchas veces sentimos rechazo. Nos resulta extraño, incómodo o incluso intolerable. Pero cuando comenzamos a verlo repetidamente, nos acostumbramos. Lo que antes nos molestaba comienza a parecernos normal.

Y existe un peligro todavía mayor: terminamos justificándolo.

Esto no ocurre solamente con grandes transgresiones. Muchas veces comienza con algo pequeño.

Una persona hace algo que sabe que no corresponde y siente incomodidad. La segunda vez le resulta un poco más fácil. La tercera vez encuentra una explicación. Después deja de preguntarse si está bien o mal.

Y finalmente aquello que al principio le parecía incorrecto se transforma, dentro de su propia conciencia, en algo perfectamente normal.

Nuestros Sabios expresaron esta idea con la frase:

“Kivan she-avar adam averá veshaná bah, naasét lo keheter”: cuando una persona transgrede y vuelve a hacerlo, termina percibiéndolo como si estuviera permitido.

Esta enseñanza es particularmente importante antes de Rosh Hashaná.

Porque estos días no son solamente un momento para preguntarnos: “¿Qué hice mal?”

También debemos preguntarnos:

“¿A qué me estoy acostumbrando?”

¿Hay alguna palabra que antes me molestaba decir y hoy digo con naturalidad?

¿Hay alguna conducta que antes me generaba culpa y ahora ya no me preocupa?

¿Hay algo que alguna vez consideré inadecuado y que, por verlo repetidamente a mi alrededor, terminé aceptando?

¿Hay una mitzvá que antes cuidaba con entusiasmo y que lentamente fui dejando de lado?

Ese es un examen de conciencia mucho más profundo.

Porque el problema no siempre es la caída. A veces el problema más grande es dejar de sentir que hemos caído.

La inclinación al mal no siempre nos dice: “Haz algo terrible”.

Muchas veces comienza diciendo: “No pasa nada… solamente esta vez.”

Y después: “Todo el mundo lo hace.”

Más adelante: “No es tan grave.”

Y finalmente: “¿Cuál es el problema?”

Por eso la Torá nos enseña a estar atentos a los pequeños cambios de nuestra sensibilidad espiritual.

Querida comunidad:

En estos días de Elul, y especialmente al acercarnos a Rosh Hashaná, tenemos una oportunidad extraordinaria.

No debemos mirar solamente aquello que hacemos. Debemos mirar también aquello a lo que nos hemos acostumbrado.

Porque lo que repetimos termina formando nuestra personalidad.

Pero aquí existe también una noticia maravillosa: así como una persona puede acostumbrarse al mal, también puede acostumbrarse al bien.

Podemos acostumbrarnos a rezar con más concentración.

A hablar con más respeto.

A agradecer.

A estudiar Torá.

A ayudar a alguien sin esperar reconocimiento.

A controlar una palabra antes de pronunciarla.

A hacer una mitzvá aunque nadie nos esté mirando.

Al principio requiere esfuerzo. Después se vuelve más natural. Y finalmente puede convertirse en parte de quiénes somos.

Por eso, al entrar en estos días sagrados, hagamos una pequeña pausa y preguntémonos:

¿A qué me estoy acostumbrando?

Y, todavía más importante:

¿A qué quiero acostumbrarme a partir de ahora?

Que Hakadosh Baruj Hu nos dé la claridad para reconocer aquello que debemos corregir, la fortaleza para no justificarnos y el mérito de comenzar nuevamente con decisión y alegría.

Que podamos llegar a Rosh Hashaná con un corazón despierto, con una sensibilidad renovada y con el deseo sincero de acercarnos cada día un poco más a Hashem.