Estamos en Erev Sucot.
Después de haber atravesado Rosh Hashaná y Iom Kipur, después de haber hecho teshuvá, pedido perdón y reflexionado sobre quiénes somos y quiénes queremos ser, llega una de las fiestas más especiales del calendario judío: Sucot, Zman Simjatenu, el tiempo de nuestra alegría.
Y hay algo muy particular en la manera en que la Torá nos invita a celebrar.
Después de tantos días de introspección, Hashem nos dice: salí de tu casa.
Dejá por unos días la seguridad de tus paredes, de tus comodidades y de aquello que te resulta conocido, y entrá en una sucá.
La sucá es una vivienda frágil y temporal. No tiene la misma protección que nuestra casa habitual. Y justamente ahí está uno de sus mensajes más profundos.
Durante todo el año podemos llegar a pensar que nuestra seguridad depende de aquello que construimos: nuestra casa, nuestro trabajo, nuestro dinero, nuestras posesiones, nuestros planes.
Sucot viene a recordarnos que la verdadera seguridad no está solamente en las paredes que construimos, sino en la relación que tenemos con Hashem.
Durante siete días dejamos nuestra casa fija y hacemos de la sucá nuestro hogar.
Y allí comemos, conversamos, estudiamos, cantamos y compartimos con nuestra familia y nuestra comunidad.
Porque quizás la verdadera alegría no consiste en tenerlo todo.
La verdadera alegría consiste en saber valorar lo que tenemos.
Sucot llega inmediatamente después de Iom Kipur por una razón muy profunda.
En Iom Kipur limpiamos nuestro interior.
En Sucot aprendemos a vivir con ese nuevo interior.

Después de pedirle a Hashem que nos perdone, ahora tenemos que aprender a disfrutar de la vida con humildad, con gratitud y con alegría.
Y por eso Sucot se llama Zman Simjatenu, el tiempo de nuestra alegría.
No porque todo en nuestra vida sea perfecto.
No porque no tengamos problemas.
Sino porque aprendemos que podemos ser felices incluso reconociendo que nuestra vida es frágil y que no tenemos control sobre todo.
La sucá nos enseña a confiar.
También nos enseña algo hermoso sobre la comunidad.
En estos días invitamos a los Ushpizin, nuestros huéspedes espirituales, y abrimos las puertas para compartir.
Porque una sucá verdaderamente hermosa no es solamente la que tiene la decoración más linda.
Es la que tiene más alegría, más familia, más amigos, más Torá y más generosidad.
Por eso, en este Erev Sucot, mientras preparamos nuestras sucot y nos disponemos a comenzar la festividad, hagamos también una preparación interior.
Preguntémonos:
¿Qué comodidad necesito dejar atrás?
¿Qué miedo necesito soltar?
¿A quién puedo invitar a compartir mi alegría?
Y, sobre todo:
¿Qué puedo agradecer?
Venimos de Iom Kipur buscando el perdón.
Entramos ahora en Sucot buscando la alegría.
Que podamos construir una sucá no solamente con ramas y decoraciones, sino también con emuná, amor, unidad, gratitud y Torá.
Que Hashem nos permita entrar a estos días con alegría, rodeados de nuestras familias y de nuestra comunidad, y que podamos sentir que, aunque nuestra sucá sea temporal, la protección y el amor de Hashem nos acompañan siempre.
Jag Sucot Sameaj para toda nuestra comunidad.
Que tengamos una festividad llena de alegría, unión, paz y muchas berajot.













