El Dificil Desafío De Aceptar Las Críticas

Querida comunidad:

Hay algo que a todos nos cuesta, aunque tengamos muchos años de experiencia, conocimiento o madurez: aceptar que alguien nos señale un error.

Podemos recibir un elogio con una sonrisa. Pero cuando alguien nos dice: “Esto lo estás haciendo mal”, algo dentro nuestro inmediatamente se defiende.

Queremos explicar. Justificarnos. Demostrar que el otro entendió mal.

Y, sin embargo, muchas veces una crítica puede ser un regalo.

El artículo que inspira este mensaje cuenta una historia muy particular. Un hombre de 43 años, después de escuchar rezar con enorme concentración a un rabino, recibió de él una corrección sobre la pronunciación de una palabra del Shemá.

Había pronunciado durante décadas una palabra de manera incorrecta.

El rabino podría haber guardado silencio. Después de todo, no lo conocía. Podría haber pensado: “¿Quién soy yo para corregirlo?”.

Pero eligió acercarse con respeto y explicarle que una pequeña diferencia en la acentuación podía cambiar el significado de la palabra. El hombre sintió vergüenza, pero por encima de todo sintió gratitud.

Había alguien que se había tomado el trabajo de ayudarlo a mejorar algo que hacía todos los días.

Qué diferencia puede haber entre pensar:

“Me está criticando”

y pensar:

“Quizás está tratando de ayudarme”.

Pero la historia continúa.

Tiempo después, este hombre escuchó a otra persona cometer el mismo error. Recordó el regalo que él mismo había recibido y decidió transmitirlo.

Sin embargo, la otra persona no reaccionó de la misma manera. Se puso a la defensiva y rechazó la corrección.

Y ahí aparece una enseñanza todavía más profunda:

No alcanza con tener razón. También importa cómo, cuándo y desde dónde decimos algo.

Una crítica puede ser verdadera y, al mismo tiempo, estar mal comunicada.

Podemos corregir para ayudar o podemos corregir para demostrar que sabemos más.

Podemos acercarnos desde el amor o desde la superioridad.

Podemos decirle a alguien:

“Te digo esto porque quiero ayudarte”

o, aunque no lo digamos explícitamente, transmitir:

“Yo sé algo que vos no sabés”.

Y la diferencia se siente.

¿Qué hacemos cuando nos critican?

Quizás una de las herramientas más poderosas sea aprender a no responder inmediatamente.

Cuando alguien nos señala algo, podemos hacer una pausa y preguntarnos:

“¿Hay aunque sea un 10% de verdad en lo que me está diciendo?”

No significa aceptar automáticamente toda crítica.

Hay críticas injustas, malintencionadas, innecesarias o dichas de una manera hiriente. No todo lo que alguien nos dice merece ser incorporado.

Pero incluso cuando la forma no fue buena, podemos preguntarnos si existe algo para aprender.

Porque la verdadera humildad no significa pensar que somos menos que los demás.

Significa saber que todavía tenemos algo que aprender.

Y también está el otro lado

Antes de corregir a alguien, nosotros también deberíamos preguntarnos:

¿Quiero ayudarlo o quiero demostrar que tengo razón?

¿Es este el momento adecuado?

¿Esta persona está preparada para escucharme?

¿Mi manera de decirlo puede abrir una puerta o va a levantar una pared?

La Torá nos enseña que crecer implica poder mirar nuestros propios errores.

Y justamente en estos días, cuando estamos celebrando Simjat Torá, hay algo muy significativo: terminamos la Torá y, sin detenernos, volvemos inmediatamente a Bereshit.

Terminamos y empezamos nuevamente.

Porque quien estudia Torá de verdad sabe algo fundamental: nunca terminamos de aprender.

La persona que cree que ya sabe todo deja de crecer.

La persona que puede decir “quizás todavía tenga algo que aprender” mantiene abierta la puerta de la sabiduría.

Tal vez ese sea uno de los grandes desafíos de nuestra vida:

tener la humildad para recibir una corrección y tener la sensibilidad para ofrecerla.

Que podamos aprender a escuchar sin sentir que cada observación es un ataque.

Que podamos corregir sin humillar.

Que podamos aceptar que no siempre tenemos razón.

Y que nunca confundamos humildad con debilidad.

Porque a veces, una persona que se acerca para señalarnos algo que no vemos en nosotros mismos no viene a disminuirnos.

Quizás viene a regalarnos la posibilidad de ser un poco mejores.