La Torá nos enseña que existen determinadas mitzvot que poseen una dimensión especialmente amplia. Nuestros Sabios las consideran mitzvot kelaliot, mitzvot que abarcan muchos aspectos de la vida.
Entre ellas se encuentra la mitzvá de vivir en Eretz Israel.
Rav Moshe Wolfson explica una idea que merece nuestra reflexión: cuando una persona vive en Eretz Israel, no está cumpliendo una mitzvá únicamente con una parte de su cuerpo o en un momento determinado. Toda la persona participa de ella, en todo momento.
El cuerpo está allí. La vida cotidiana está allí. El estudio de Torá está allí. La tefilá está allí. Los actos de jesed están allí.
Incluso aquellas acciones sencillas que realizamos todos los días adquieren una dimensión diferente cuando se realizan en Eretz Israel.
Esto nos permite comprender que Eretz Israel no debe ser vista solamente como un lugar geográfico.
Eretz Israel es una tierra de kedushá.
Y quizás una de las enseñanzas más profundas del texto aparece en relación con Moshe Rabbeinu.
Después de cuarenta años en el desierto, Moshe le pidió a Hashem poder entrar a la Tierra de Israel. La Guemará aprende de sus palabras que, antes de presentar una petición a Hashem, debemos comenzar alabándolo.
El Jatam Sofer se detiene ante un detalle extraordinario: Moshe Rabbeinu había hablado con Hashem durante toda su vida. Había alcanzado niveles espirituales inmensos y había permanecido tres períodos de cuarenta días en el cielo.
Sin embargo, fue precisamente después de acercarse a Eretz Israel cuando experimentó una nueva percepción de la grandeza de Hashem.

Esto nos enseña algo sorprendente.
La santidad de Eretz Israel puede despertar en la persona una percepción de la Divinidad que no había experimentado antes.
Moshe había estado en el cielo, pero al acercarse a Eretz Israel descubrió una nueva dimensión de la presencia de Hashem.
Qué paradoja tan hermosa: el hombre puede elevarse hacia el cielo, pero existe una tierra cuya santidad puede hacerle comprender todavía más profundamente al Creador.
Por eso, cuando hablamos de Eretz Israel, no estamos hablando únicamente de un territorio.
Estamos hablando de una tierra que tiene una relación particular con la Torá, con el pueblo judío y con la presencia de Hashem.
Y esto nos lleva también a una reflexión personal.
No todos vivimos en Eretz Israel. Muchos de nosotros estamos en la diáspora. Pero precisamente por eso debemos preguntarnos qué significa para nosotros nuestra relación con Eretz Israel.
¿La sentimos solamente como un lugar al que algún día viajaremos?
¿O comprendemos que existe una conexión espiritual e histórica entre nosotros y esa tierra?
La historia del “saquito de tierra” que vimos anteriormente adquiere ahora una nueva profundidad. El bisabuelo de Eric no le estaba enviando simplemente un poco de tierra. Le estaba enviando un pequeño recordatorio de una realidad mucho más grande: “Esta tierra también forma parte de tu historia. Aquí hay algo que debes conocer.”
Y cuando Eric comenzó a estudiar, descubrió que aquella tierra lo llevaba hacia su Torá, hacia su pueblo y hacia su identidad.
Que podamos nosotros también fortalecer nuestra conexión con Eretz Israel, no solamente desde la distancia física, sino desde el conocimiento, el amor, la Torá y la kedushá.
Y que podamos comprender que nuestra relación con Eretz Israel no es solamente una cuestión de geografía.
Es una cuestión de identidad, de Torá y de conexión con Hashem.
Que Hashem nos conceda el mérito de comprender la santidad de Eretz Israel, de fortalecer nuestro vínculo con ella y de ver pronto el día en que todo Am Israel pueda vivir allí en paz, unidad y kedushá.













