Mejorar el Mundo Perfecto

La enseñanza de Rav Avigdor Miller que hoy quiero compartir con ustedes nos invita a detenernos y reflexionar sobre una pregunta muy profunda: ¿realmente todo lo que llamamos progreso significa que hemos mejorado el mundo?

Vivimos en una época de enormes avances. La medicina ha logrado salvar vidas, combatir enfermedades y aliviar sufrimientos que durante siglos fueron imposibles de tratar. Debemos reconocerlo y agradecer profundamente a quienes dedican sus vidas al cuidado de los demás.

Sin embargo, Rav Miller nos propone mirar la realidad desde otra perspectiva.

Él explica que muchas veces lo que llamamos “mejorar” consiste en reparar algo que previamente se deterioró.

Utiliza el ejemplo de una casa: si una casa fue construida perfectamente y con el tiempo algo se rompe, llega un trabajador y lo repara. Su trabajo es valioso y necesario, pero no significa que haya creado una casa superior a la original. Simplemente ha restaurado, en la medida de lo posible, aquello que se había deteriorado.

Esta idea también puede aplicarse a nuestra vida.

El mundo que HaShem creó posee un orden y una sabiduría que muchas veces nosotros no alcanzamos a comprender. Cada elemento tiene su función y existe un equilibrio que debemos aprender a respetar.

Cuando ese equilibrio se rompe, el ser humano debe intervenir para reparar.

Y aquí encontramos una enseñanza especialmente importante: no debemos valorar solamente nuestra capacidad de reparar; también debemos aprender a no destruir.

Es mucho más fácil reconocer el valor de algo después de haberlo perdido.

Por eso debemos preguntarnos:

¿Estamos cuidando nuestra salud antes de enfermarnos?

¿Estamos cuidando nuestras relaciones antes de que se deterioren?

¿Estamos educando a nuestros hijos antes de tener que corregirlos?

¿Estamos cuidando nuestra espiritualidad antes de sentir un vacío?

¿Estamos cuidando el mundo que HaShem nos entregó?

La medicina, la ciencia y la tecnología son grandes herramientas. Debemos utilizarlas con inteligencia y gratitud. Pero ninguna herramienta puede reemplazar la responsabilidad del ser humano.

Podemos tener los mejores médicos, pero también debemos aprender a cuidar nuestro cuerpo.

Podemos tener grandes avances tecnológicos, pero debemos cuidar nuestra mente.

Podemos tener infinitas formas de comunicarnos, pero debemos aprender nuevamente a escuchar.

Podemos tener acceso a una cantidad inmensa de información, pero necesitamos sabiduría para saber qué hacer con ella.

La verdadera grandeza no consiste únicamente en saber reparar lo que se rompió.

La verdadera grandeza consiste también en saber conservar aquello que todavía está bien.

Que HaShem nos conceda la inteligencia para utilizar correctamente los avances que nos ha permitido alcanzar, pero también la humildad para reconocer que no todo lo nuevo es necesariamente mejor.

Que sepamos valorar la creación, cuidar nuestra salud, nuestras familias, nuestra comunidad y nuestra vida espiritual.

Y que podamos vivir con la conciencia de que todo lo que recibimos de HaShem es una responsabilidad y un depósito que debemos cuidar.