Volverán Los Hijos a Sus Fronteras

Hay momentos en la historia en los que uno tiene el privilegio de contemplar con sus propios ojos aquello que durante generaciones fue solamente una esperanza y una plegaria.

El profeta Yirmiyahu nos transmite las palabras de consuelo de Hakadosh Baruj Hu a nuestra matriarca Rajel:

“Hay esperanza para tu futuro… y los hijos regresarán a sus fronteras.”

Durante miles de años, el pueblo de Israel vivió disperso entre las naciones. Sin embargo, aun en los momentos más difíciles, nunca dejó de mirar hacia Tzión, hacia Yerushalayim y hacia la Tierra de Israel.

No eran simplemente lugares mencionados en nuestras plegarias. Eran —y siguen siendo— parte esencial de nuestra identidad.

Cada vez que un judío reza, recuerda a Yerushalayim. Cada generación transmitió a la siguiente el anhelo de regresar. Y hoy tenemos el enorme privilegio de vivir en una época en la que podemos ver el regreso de nuestros hermanos a Eretz Israel.

El texto nos presenta algo muy profundo. Primero dice:

“Retornarán de la tierra de sus enemigos”.

Y luego vuelve a decir:

“Hay esperanza en tu futuro y los hijos regresarán a sus fronteras”.

¿Por qué repetirlo?

La explicación que se nos transmite en nombre de Rav Simjá Waserman, zt”l, nos invita a distinguir entre dos tipos de regreso.

Hay quienes regresan porque necesitan escapar de un lugar que ya no pueden habitar. Es un regreso motivado por la necesidad, por el peligro o por el sufrimiento.

Pero existe un regreso mucho más profundo: volver porque sabemos dónde está nuestro hogar.

No regresar únicamente de un lugar, sino regresar a un lugar.

Regresar a nuestras raíces.

Regresar a nuestra historia.

Regresar a nuestra identidad.

Regresar a la Tierra que Hashem prometió a nuestros patriarcas.

Y quizás esta enseñanza tiene también un mensaje para cada uno de nosotros.

Porque no solamente existe un Kibutz Galuyot, un retorno colectivo de los exiliados. También cada persona puede encontrarse, en algún momento de su vida, en una especie de exilio interior.

Podemos alejarnos de nuestras raíces. Podemos acostumbrarnos a vivir lejos de aquello que verdaderamente nos conecta con Hashem. Podemos tener éxito materialmente y, sin embargo, sentir que algo esencial todavía falta.

Y entonces llega el momento de regresar.

Teshuvá significa también volver.

Volver a Hashem.

Volver a la Torá.

Volver a nuestras raíces.

Volver a aquello que verdaderamente somos.

Querida comunidad:

Que nunca perdamos la sensibilidad para comprender el enorme milagro histórico que significa que después de tantos siglos el pueblo judío pueda regresar a su tierra y construir allí una vida de Torá, mitzvot y kedushá.

Y que tampoco olvidemos que el verdadero objetivo del regreso no es únicamente estar en una tierra determinada, sino acercarnos más a Hashem y vivir de acuerdo con Su voluntad.

Nuestra generación tiene el privilegio de ver cosas que nuestros antepasados solamente podían imaginar y pedir en sus tefilot.

Por eso debemos agradecer.

Agradecer por Eretz Israel.

Agradecer por Yerushalayim.

Agradecer por el pueblo judío.

Y, sobre todo, agradecer a Hakadosh Baruj Hu por permitirnos ser testigos de este proceso.

“Hay esperanza para tu futuro y los hijos regresarán a sus fronteras.”

Que sea la voluntad de Hashem que podamos ver rápidamente y en nuestros días la culminación de esta promesa, con la reunión completa de nuestro pueblo, la llegada del Mashíaj y la reconstrucción del Beit Hamikdash, במהרה בימינו.