Ser judío es vivir en un mundo de gratitud. La misma palabra “judío”, yehudí, proviene de lehodot, agradecer. Así lo vemos en la Torá: cuando nació Iehudá, su madre Leá declaró “esta vez agradeceré a Dios”, y por eso lo llamó con ese nombre (Génesis 29:35).
No sorprende, entonces, que nuestra tradición esté llena de maneras hermosas de decir “gracias”. Aquí les comparto ocho de ellas:
1. ¡Todá!
La forma más directa de agradecer en hebreo. “Todá rabá” significa literalmente “un gran gracias”. Viene de la misma raíz que hodu, “reconocimiento”: cada vez que decimos todá, no solo agradecemos, sino que reconocemos el bien recibido.
2. Hakarat Hatov
Significa “reconocer lo bueno”. Es un mandamiento esencial en la vida judía: entrenarnos a ver lo bueno, disfrutarlo y agradecer por ello, desde abrir los ojos por la mañana hasta respirar, comer y compartir.
3. ¡Baruj Hashem!
“Bendito sea Dios”. Es la respuesta clásica ante un “¿cómo estás?”. Nos recuerda que nada es obvio: cada respiro, cada paso, cada día es una bendición.
4. Tizké LeMitzvot
Se traduce como: “Que tengas el mérito de seguir cumpliendo mitzvot”. Es un agradecimiento que, además, es una bendición: desear que la persona que hizo un acto de bondad tenga la fuerza y el mérito de seguir haciéndolo.

5. ¡Iasher Koaj!
Literalmente “que tu fuerza sea recta”. Viene del Talmud y hoy se usa para felicitar y agradecer, especialmente cuando alguien hace algo en la comunidad, como leer la Torá. Es un “muy bien” con raíz espiritual.
6. A dank / Grasyas / Mersi muncho
Formas de agradecer en ídish y en ladino, herencia de comunidades ashkenazíes y sefardíes. Cada expresión refleja siglos de historia judía en distintos rincones del mundo.
7. Ofrenda de agradecimiento / Hagomel
En tiempos del Templo, existía el korbán todá, la ofrenda de gratitud. Hoy, lo más cercano es la bendición de Hagomel, que se dice al superar un peligro, recuperar la salud o regresar de un viaje, reconociendo la bondad divina.
8. Agradecer todo el día
La primera oración de la mañana comienza con Mode Aní, “te agradezco a Ti”. Desde ahí, la Torá nos invita a bendecir al menos 100 veces al día: por la comida, por un arcoíris, por la salud, por cada milagro cotidiano.
El judaísmo nos enseña que la gratitud no es solo un gesto de cortesía, sino una forma de vida. Agradecer nos transforma, nos conecta con los demás y con Dios, y nos recuerda que cada instante está lleno de bendiciones.













