Reprender Con Amor

Esta semana comenzamos el quinto libro de la Torá con la Perashat Devarim. En ella, Moshé Rabenu, poco antes de despedirse del pueblo de Israel, repasa los acontecimientos vividos durante los cuarenta años en el desierto. Al recordar los errores del pueblo, llama la atención que no los mencione de forma directa, sino que haga referencia a los lugares donde ocurrieron.

Nuestros Sabios explican que Moshé eligió este camino para preservar la dignidad de Am Israel. Su intención no era avergonzar ni humillar, sino despertar la reflexión y conducir al crecimiento espiritual. Esta es una de las mayores enseñanzas sobre cómo debemos corregir al prójimo.

La Torá nos enseña que la reprensión solo cumple su propósito cuando nace del amor y del sincero deseo de ayudar. Una crítica que hiere, avergüenza o descalifica suele cerrar el corazón de quien la recibe. En cambio, una palabra dicha con respeto, sensibilidad y afecto tiene la capacidad de inspirar un verdadero cambio.

Es importante aprender a distinguir entre la persona y su conducta. Un error no define a un ser humano. Todos podemos equivocarnos, pero también todos tenemos la capacidad de corregirnos y crecer. Por eso, cuando debemos señalar una falta, debemos hacerlo cuidando siempre la dignidad del otro, tal como lo hizo Moshé Rabenu.

Así actúa también Hashem con nosotros. Incluso cuando nos alejamos del camino correcto, nunca deja de ofrecernos la posibilidad de regresar mediante la teshuvá. Su misericordia precede a Su juicio, y Su amor nunca desaparece. Él nos invita a reconocer nuestros errores sin perder la esperanza ni la confianza en que podemos ser mejores.

En nuestras familias, en nuestras comunidades y en cada relación interpersonal, procuremos que nuestras palabras sean un instrumento de construcción y no de destrucción. Eduquemos con paciencia, corrijamos con humildad y hablemos siempre con respeto. Muchas veces, el tono con el que decimos algo tiene más impacto que las propias palabras.

Que el mensaje de Perashat Devarim, que siempre precede a Tishá BeAv, nos inspire a reparar nuestras relaciones, fortalecer el amor al prójimo y desterrar toda forma de desprecio o humillación. Que aprendamos de Moshé Rabenu a guiar con firmeza, pero siempre con compasión y sensibilidad.

Que Hashem nos conceda la sabiduría para hablar con amor, la humildad para aceptar la corrección y el mérito de construir hogares y comunidades donde reine el respeto, la unidad y la paz. Amén.