Una de las bases más profundas de nuestra vida espiritual es la emuná, la confianza absoluta en Hashem. No se trata únicamente de creer que Él existe, sino de vivir con la certeza de que todo cuanto ocurre en nuestras vidas está guiado por Su infinita sabiduría y Su inmenso amor.
Muchas veces atravesamos momentos difíciles que escapan a nuestra comprensión. En esas circunstancias surgen preguntas, incertidumbres y, en ocasiones, incluso el dolor. Sin embargo, la Torá nos enseña que nuestra visión es limitada, mientras que la de Hashem es perfecta y eterna. Nosotros vemos apenas un instante; Él contempla el comienzo, el desarrollo y el desenlace de toda la historia.
Nuestros Sabios establecieron como principio: “Kol deavid Rajamana letav avid” —”Todo lo que Hashem hace, lo hace para bien”. Esta no es solamente una hermosa enseñanza, sino una forma de vivir que fortalece el corazón y nos permite enfrentar las pruebas con esperanza y serenidad.
Esto no significa que debamos ignorar el sufrimiento ni minimizar el dolor de quien atraviesa una dificultad. La Torá jamás nos pide insensibilidad. Nos enseña, en cambio, que incluso cuando no logramos comprender los caminos del Creador, podemos confiar en que Su voluntad siempre está guiada por el bien, aunque ese bien permanezca oculto a nuestros ojos.

La historia de nuestro pueblo nos recuerda que hubo acontecimientos cuya explicación nunca podremos comprender plenamente. Frente a ellos no tenemos respuestas sencillas, pero sí tenemos una fe inquebrantable en que Hashem nunca abandona a Sus hijos y que Su justicia y Su misericordia superan infinitamente nuestra capacidad de entender.
Cuando aprendemos a agradecer tanto en los momentos de alegría como en los de dificultad, nuestra emuná madura. Dejamos de vivir dominados por la ansiedad y comenzamos a caminar con la tranquilidad de saber que nuestra vida está en las mejores manos.
Por ello, cuando llegue una prueba, antes de preguntarnos “¿por qué me ocurre esto?”, procuremos preguntarnos: “¿Qué espera Hashem de mí en este momento? ¿Cómo puedo crecer, fortalecer mi fe y acercarme más a Él?”.
Que nunca perdamos la confianza en nuestro Padre Celestial. Así como un hijo pequeño no siempre comprende las decisiones de sus padres, nosotros tampoco alcanzamos a comprender todos los caminos de Hashem. Sin embargo, sabemos con absoluta certeza que Él nos ama con un amor infinito y que cada paso de nuestra vida está dirigido por Su Providencia.
Pidamos al Creador que fortalezca nuestra emuná, que nos conceda la serenidad para aceptar aquello que no comprendemos, la sabiduría para descubrir Su presencia en cada acontecimiento y la fortaleza para seguir adelante con esperanza.
Que Hashem bendiga a cada integrante de nuestra comunidad con salud, paz, sustento, alegría y una fe firme, para que podamos reconocer Su bondad en todo momento y merezcamos contemplar pronto la Redención completa. Amén.













