Esta semana leemos la parashá Ekev (Devarim 7:12–11:25), una sección de la Torá que nos transmite una de las enseñanzas más profundas para nuestra vida espiritual: reconocer que todo lo que poseemos proviene de la bendición de Hashem.
Moshé Rabenu advierte al pueblo de Israel sobre un peligro que no sólo existía en el desierto, sino que sigue siendo una prueba para cada generación: el riesgo de atribuir nuestros logros únicamente a nuestro esfuerzo. La Torá nos dice:
“Y dirás en tu corazón: ‘Mi fuerza y el poder de mi mano me hicieron esta riqueza’. Pero recordarás a Hashem, tu Dios, porque Él es quien te da la fuerza para adquirir riqueza” (Devarim 8:17-18).
Después de cuarenta años de milagros, el pueblo estaba a punto de ingresar a una tierra de abundancia. Precisamente en ese momento, cuando comenzarían a trabajar la tierra, construir hogares y prosperar, Moshé les recuerda que el éxito material nunca debe alejarlos de Aquel que les concede la vida, la salud y la capacidad de alcanzarlo.
La Torá no desprecia el esfuerzo humano. Por el contrario, trabajar con honestidad y dedicación es una obligación. Nuestros Sabios incluso enseñan que la forma más elevada de tzedaká consiste en ayudar a una persona a ganarse dignamente el sustento mediante un empleo. El trabajo dignifica al ser humano, desarrolla sus capacidades y le permite convertirse en un socio activo en la construcción del mundo.

Sin embargo, la Torá nos invita a mirar más profundamente. ¿Quién nos concedió la inteligencia para aprender? ¿Quién nos dio la salud para levantarnos cada mañana? ¿Quién abrió las puertas de las oportunidades que encontramos en nuestro camino? ¿Quién sostiene nuestra existencia a cada instante? La respuesta es una sola: Hashem.
Muchas veces observamos personas con enormes talentos que no alcanzan el éxito, mientras que otras, con capacidades aparentemente más limitadas, prosperan de manera sorprendente. Esto nos recuerda que el esfuerzo es indispensable, pero la bendición proviene únicamente del Creador.
Por ello, la enseñanza central de Ekev es cultivar la humildad y la gratitud. Cuando reconocemos que nuestras bendiciones tienen su origen en Hashem, nuestros logros dejan de alimentar el orgullo y se convierten en instrumentos para servirlo mejor, ayudar al prójimo y santificar Su Nombre.
Nuestros Sabios enseñan que incluso el maná que descendía del cielo tenía como propósito fortalecer la confianza del pueblo en Hashem. También nosotros debemos contemplar nuestro sustento cotidiano con esa misma perspectiva: detrás de cada alimento, de cada oportunidad y de cada éxito se encuentra la Providencia Divina.
Que durante esta semana de Parashat Ekev podamos fortalecer nuestra emuná, agradecer sinceramente por todo lo que recibimos y recordar siempre que el verdadero éxito no consiste únicamente en alcanzar metas materiales, sino en reconocer la mano de Hashem en cada paso de nuestra vida.













