Nuestros sabios nos enseñan que la vida del judío no se rige por las emociones pasajeras, sino por la Torá. Hay momentos para el llanto y momentos para la alegría, y ambos forman parte del servicio a Hashem.
El Rav Avigdor Miller explica que una persona debe desarrollar la capacidad de vivir ambas realidades con equilibrio. Cuando otro sufre, debemos sentir su dolor y acompañarlo con sincera empatía. Pero cuando Hashem nos concede bendiciones, no debemos sentir culpa por disfrutarlas; al contrario, debemos recibirlas con gratitud y servir al Creador con alegría.
La Torá nos enseña que “hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír; un tiempo para lamentarse y un tiempo para danzar” (Kohelet 3:4). La verdadera madurez espiritual consiste en saber responder a cada circunstancia de la manera que Hashem espera de nosotros.

Incluso en los momentos de mayor tristeza, el judío reconoce las innumerables bondades que recibe cada día y bendice por ellas. Y aun en los momentos de mayor alegría, nunca olvida el sufrimiento de su prójimo ni deja de pedir por su bienestar.
No somos personas gobernadas por nuestros estados de ánimo; somos servidores de Hashem. Nuestra misión es permitir que la Torá moldee nuestro corazón, enseñándonos cuándo es tiempo de llorar y cuándo es tiempo de alegrarnos.
Que Hashem nos conceda la sabiduría para vivir con este equilibrio, fortaleciendo nuestra fe, nuestra sensibilidad hacia los demás y nuestra capacidad de agradecer cada bendición que recibimos.













