Uno de los grandes desafíos de la vida es reconocer nuestras propias debilidades. Muchas veces quisiéramos ser diferentes: tener más paciencia, controlar mejor nuestro carácter, ser más constantes, menos impulsivos o superar aquellas conductas que repetidamente nos hacen tropezar.
Sin embargo, la enseñanza del Rabino Noaj Orlowek nos propone mirar nuestras debilidades desde una perspectiva completamente diferente.
Aquello que hoy consideramos nuestra mayor dificultad puede convertirse, con trabajo y esfuerzo, en nuestra mayor fortaleza.
Cada persona posee determinadas características de personalidad. Ninguna cualidad es completamente negativa. El desafío consiste en aprender a utilizarla correctamente y canalizarla hacia el bien.
Una persona temperamental, por ejemplo, puede utilizar esa intensidad para luchar contra la injusticia, defender aquello que es correcto y perseverar cuando otros se dan por vencidos.
La cuestión no es solamente qué características tenemos, sino qué hacemos con ellas.
Y aquí encontramos una enseñanza fundamental:
El mérito más grande no está en no tener una dificultad, sino en trabajar para superarla.
Una persona naturalmente tranquila no tuvo que conquistar su enojo. Pero aquella que posee un carácter fuerte y, a pesar de ello, aprende a dominarse, está realizando un trabajo espiritual enorme.
Por eso, cuando descubrimos una debilidad, no debemos desesperarnos.
Al contrario.
Debemos preguntarnos:
¿Por qué justamente esta es mi dificultad?
¿Qué potencial puede estar escondido detrás de ella?
Muchas veces, aquello que aparece como una debilidad esconde una cualidad poderosa que todavía no hemos aprendido a utilizar.

El texto nos trae un ejemplo extraordinario con el pueblo de Israel.
Después del pecado del becerro de oro, Moshé Rabenu intercede por el pueblo. Y justamente utiliza una característica que aparentemente era negativa: la terquedad.
La misma cualidad que podía llevarlos a equivocarse y no reconocer sus errores también podía convertirlos en un pueblo incapaz de abandonar su fidelidad a Hashem.
Y así ocurrió a lo largo de nuestra historia.
La misma terquedad que podía ser una debilidad se transformó en perseverancia y fidelidad.
Qué mensaje tan profundo para cada uno de nosotros.
Tal vez aquello que hoy nos cuesta controlar no vino a nuestra vida únicamente para hacernos caer. Tal vez Hashem nos está mostrando precisamente el lugar donde tenemos que trabajar y donde podemos alcanzar nuestro mayor crecimiento.
Nuestros Sabios nos enseñan que el justo es quien “cae siete veces y se levanta”.
La grandeza no está en no caer.
La grandeza está en levantarse una vez más.
Por eso, si existe un área de nuestra vida que todavía no logramos corregir completamente, no debemos decir: “Así soy y nunca voy a cambiar”.
Debemos decir:
“Este es el lugar donde Hashem me está dando la oportunidad de crecer.”
Cada intento cuenta.
Cada esfuerzo cuenta.
Cada vez que nos controlamos un poco más, cuenta.
Cada vez que volvemos a intentarlo después de una caída, estamos construyendo nuestra personalidad.
Querida comunidad:
No tengamos miedo de mirar nuestras debilidades de frente, pero tampoco las miremos con desesperanza.
Allí donde está nuestra mayor lucha puede encontrarse nuestra mayor oportunidad de grandeza.
Que Hashem nos dé la fuerza y la paciencia para conocernos, trabajar sobre nosotros mismos y transformar nuestras dificultades en herramientas para crecer.
Y que tengamos siempre la fortaleza de levantarnos una vez más, continuar avanzando y convertir cada desafío en una oportunidad de acercarnos más a Hashem.











