Amor verdadero y duradero

  1. Esta semana leemos la parashá Shminí (ויקרא 9–11), una sección que nos confronta con uno de los episodios más impactantes de la Torá: la muerte de Nadav y Avihú, hijos de Aharón HaCohen, en el mismo día de la inauguración del Mishkán.

En el momento más elevado de conexión espiritual, cuando la Presencia Divina descendía sobre el pueblo de Israel, ocurre una tragedia. Dos grandes hombres, llenos de fervor y amor por Hashem, ofrecen un “fuego extraño” —una iniciativa propia, no ordenada— y son consumidos por el fuego divino.

¿Cómo comprender este episodio?

Nuestros Sabios nos enseñan que aquí se revela un principio fundamental: no todo lo que nace del amor es correcto si no está guiado por límites.

Vivimos en una generación que exalta el amor como el valor supremo. Se nos enseña que si hay amor, todo está permitido. Sin embargo, la Torá nos muestra una verdad más profunda: el amor, sin respeto, sin límites, sin obediencia, puede convertirse en algo destructivo.

El mundo mismo fue creado a través de un acto de “restricción”, lo que los sabios llaman tzimtzum. El Creador, en Su infinita presencia, “se contrajo” para dar espacio a la existencia del otro. Este acto divino establece el modelo para todas las relaciones humanas.

Amar no es imponerse. Amar es hacer espacio.

Nadav y Avihú estaban llenos de pasión espiritual, pero les faltó esa capacidad de contenerse, de respetar el marco, de comprender que la cercanía a Hashem también exige disciplina. Su error no fue la falta de amor, sino el exceso de “yo”.

El fuego que ofrecieron era un fuego de entusiasmo, pero también de ego. Y donde hay ego desmedido, no hay espacio para la Presencia Divina.

Esta enseñanza no se limita al servicio en el Mishkán. Se aplica a cada aspecto de nuestra vida: al matrimonio, a la amistad, a la comunidad. Muchas veces creemos que amar es dar según lo que nosotros sentimos. Pero el verdadero amor comienza cuando preguntamos: ¿qué necesita el otro de mí?

El amor auténtico no es solo cercanía, también es respeto por el espacio del otro. No es solo expresión, también es contención.

Así como el Mishkán requería precisión, medida y obediencia, nuestras relaciones también requieren límites saludables. Porque son esos límites los que permiten que el vínculo crezca de manera sana y duradera.

Queridos hermanos, en esta semana de Shminí, reflexionemos:

¿Estamos dejando espacio para el otro en nuestras relaciones?

¿O estamos ocupando todo con nuestro propio “yo”?

Que podamos aprender de esta parashá a construir vínculos más profundos, donde el amor esté acompañado de respeto, humildad y conciencia.

Solo así lograremos que nuestras vidas, nuestros hogares y nuestra comunidad se conviertan en un verdadero Mishkán, un lugar donde la Presencia de Hashem pueda habitar.