Arrepentimiento: Teshuvá (תְּשׁוּבָה)

En estos días en los que la introspección ocupa un lugar central en nuestras vidas, es oportuno reflexionar sobre el verdadero sentido de la Teshuvá (תְּשׁוּבָה).

Habitualmente se traduce como “arrepentimiento”, una palabra que evoca culpa y pesar. Sin embargo, nuestros Sabios nos enseñan que la teshuvá no es únicamente lamentar los errores, sino retornar a nuestra esencia más pura: el alma, que es “una chispa de Di-s en lo Alto”. Esa esencia nunca se mancha, aunque nuestras acciones nos desvíen de ella.

El Rambam explica que, en lo profundo, todo judío desea cumplir la voluntad de Hashem; si a veces nos alejamos, es porque momentáneamente perdemos claridad. La teshuvá, entonces, no es empezar de cero, sino recordar quiénes somos realmente y volver a esa raíz sagrada.

Para ilustrar esta verdad, recordemos la historia de Najmánides y su discípulo Avner. Tras apartarse del camino, Avner desafió a su maestro en Yom Kipur, exigiendo ver su nombre reflejado en la Torá. Rambán, con plegaria y visión espiritual, le mostró cómo las letras de un versículo en Haazinu codificaban su nombre. El impacto fue tal que Avner comprendió que su identidad más profunda no estaba perdida: seguía siendo “Reb Avner” ante los ojos de Di-s. Ese reconocimiento despertó en él la fuerza de retornar.

La enseñanza es clara: no somos definidos por nuestras caídas, sino por nuestra raíz divina. Podemos tropezar, alejarnos e incluso perder de vista nuestra esencia, pero jamás la perdemos. La teshuvá consiste en sacudir el polvo, mirar hacia adentro y reconectar con esa chispa que nunca se apaga.

Que podamos, en este tiempo sagrado, reencontrarnos con nuestra esencia, dejar atrás aquello que nos oscurece y retornar a la luz de nuestra alma. Y que este retorno nos acerque más a Hashem, a nuestra comunidad y a nuestro propósito eterno.