Nuestros Sabios nos enseñan en el Talmud (Berajot 33b) que “una persona debe agradecer a Di-s por lo malo de la misma manera que lo hace por lo bueno”. A primera vista, esta enseñanza parece difícil de comprender. ¿Cómo puede aquel que carece de comida, de ropa o de un techo agradecer de la misma manera que aquel que goza de abundancia y comodidades?
Permítanme compartirles un relato: Un hombre se acercó a su Rabino con esta misma inquietud. El Rabino, sincero, le confesó que tampoco lo entendía por completo, pero lo envió a consultar a un tzadik de su ciudad. Este justo vivía en gran humildad: apenas tenía qué comer, dormía en un banco de la sinagoga y dependía de la ayuda de la comunidad para sostener a su familia. Sin embargo, servía a Hashem con alegría, siempre bendiciendo y agradeciendo.

El hombre fue a verlo, convencido de que ahí encontraría la respuesta. Pero el tzadik, con una sonrisa, le dijo: “Yo tampoco sé cómo explicar esas palabras, porque en mi vida nunca tuve un mal día; Di-s siempre ha sido bueno conmigo”.
La enseñanza es clara:
La gratitud es una elección consciente que depende de la mirada con la que contemplamos nuestra vida.
Los puntos clave son:
– *No depende de la abundancia material*: La gratitud no se basa en lo que tenemos o no tenemos. ya que las 2 son erramiemientas y según la que te toqué es una prueba diferente..
– *Reconocer la bondad en cada instante*: Ver la bondad del Creador en lo que vivimos y en la vida cada momento.
– *Ver lo que sí tenemos*: Enfocarnos en lo positivo y agradecer lo que ya poseemos.
– *Cada día es un regalo*: Descubrir que la vida es un regalo, incluso en los desafíos.
En resumen, la gratitud es una perspectiva que nos permite encontrar lo bueno en cada situación y vivir con agradecimiento.
Que sepamos vivir con agradecimiento sincero, en lo pequeño y en lo grande, en la alegría y también en los desafíos. Y que esa gratitud nos acerque cada vez más a Hashem y a Su bondad infinita.













