Queridos miembros de nuestra querida comunidad: Esta semana leemos la perashá Toldot, donde la Torá nos presenta el nacimiento de los mellizos Iaakov y Esav. La Torá nos dice que Esav nació “rojizo”, una descripción física que también alude a una fuerza interna, a una tendencia hacia la impulsividad y la intensidad. Sin embargo, es interesante notar que la Torá no lo llama “Edom”, rojo, sino hasta muchos años después, cuando él mismo exige a su hermano que le dé “de eso rojo, rojo”, demostrando con sus palabras y acciones que su naturaleza impetuosa ya no estaba siendo controlada, sino que ahora lo dominaba. Solo entonces recibe el nombre que refleja aquello que él mismo permitió que lo defina.
Aquí hay una enseñanza fundamental para nuestras vidas. Cada uno de nosotros nace con cualidades únicas, con tendencias naturales, con fortalezas y también con desafíos. Algunos somos más sensibles, otros más firmes, otros más competitivos, otros más introvertidos o más impulsivos. Estas cualidades no son errores, ni accidentes, ni defectos; son parte del diseño sagrado con el cual Hashem nos crea. Sin embargo, cómo utilizamos esas cualidades es responsabilidad nuestra. No somos responsables por cómo nacimos, pero sí somos responsables por lo que elegimos hacer con lo que somos.

La perashá nos muestra que un mismo rasgo puede elevar o puede destruir. Esav tenía una energía intensa, y esa misma fuerza —canalizada de modo adecuado— podría haber sido una herramienta de coraje, de liderazgo y de grandeza espiritual. Y sabemos que es posible, porque también el Rey David fue descrito como “rojo”. Sin embargo, David canalizó ese fuego interno hacia la defensa de su pueblo, hacia el servicio a Dios y hacia la creación de santidad. El mismo fuego, pero dirigido hacia arriba, construyó un reino; dirigido hacia abajo, destruyó oportunidades espirituales.
La pregunta entonces es: ¿qué hacemos nosotros con nuestras cualidades?
¿Dejamos que nos controlen, o las dirigimos hacia el bien?
¿Somos esclavos de nuestro temperamento, o lo utilizamos como instrumento de crecimiento?
Cada rasgo puede ser elevado:
La competitividad puede transformarse en la fuerza de mejorar constantemente.
La sensibilidad puede convertirse en compasión profunda.
La firmeza puede convertirse en determinación para sostener lo correcto.
Incluso la tendencia al ego puede volverse el deseo de construir una vida plena que inspire a otros.
Queridos compañeros de camino, la Torá no nos pide ser otros, ni ser perfectos, ni cambiar nuestra esencia; nos pide canalizar lo que somos hacia la luz. Hashem nos dio cualidades, y también nos dio la capacidad de dirigirlas hacia el bien. Eso es nuestro trabajo en este mundo: refinar, elevar, encaminar.
Que esta semana de Toldot podamos mirarnos a nosotros mismos con sinceridad, reconocer un rasgo que requiere guía, y tomar un pequeño paso para transformarlo en herramienta de crecimiento. Que Hashem nos ayude a ser co-creadores de nuestra propia alma, y que podamos utilizar todo lo que somos para honrar Su nombre y construir vida, paz y sentido.













