Esta semana leemos Parashat Jukat, una sección profundamente enigmática y cargada de enseñanzas sobre el liderazgo, la responsabilidad y la santidad de nuestras acciones. Uno de los episodios más comentados de esta parashá es aquel en el que Moshe Rabenu, el más grande de nuestros profetas, es castigado por haber golpeado una piedra en lugar de hablarle, como Di-s le había ordenado. Y como consecuencia, se le niega la entrada a la Tierra Prometida.
A simple vista, podría parecernos un castigo excesivo. Después de todo, el agua brotó, el pueblo calmó su sed y el milagro ocurrió. ¿Por qué, entonces, una sanción tan severa para una acción aparentemente menor?
Nuestros sabios explican que a mayor grandeza espiritual, mayor es la exigencia y la responsabilidad. Lo que para una persona común podría considerarse un error leve, en alguien como Moshe adquiere otra dimensión, porque su conducta era ejemplo y guía para todo el pueblo de Israel. Como enseña el Talmud, “a quien es más elevado, se le exige más”.

El Rabino Dr. Abraham Twerski z”l solía citar una expresión en idish que aprendió de su padre: “Es past nit” —esto no corresponde. Cuando su padre lo reprendía, no le decía simplemente que había hecho algo malo, sino que le transmitía un mensaje más profundo: “Este comportamiento no es apropiado para alguien como tú. Eres especial, y tu conducta debe reflejarlo”. Qué forma tan sabia y amorosa de educar, que no destruye la autoestima sino que la eleva.
Así también, Parashat Jukat nos recuerda que cada uno de nosotros está llamado a vivir con conciencia de quién es. No se trata de compararnos con otros, sino de medirnos contra nuestro propio potencial. En cada palabra, en cada decisión, en cada acto, tenemos la posibilidad de actuar con dignidad, con integridad y con kedushá —santidad.
Ser parte del pueblo de Israel no es sólo una bendición; es también una responsabilidad. Estamos llamados a ser “un reino de sacerdotes y una nación santa”. Esto no significa que no erremos, sino que se espera de nosotros una conducta elevada, porque sabemos quiénes somos y a qué herencia pertenecemos.
Que el estudio de esta parashá nos inspire a elevar nuestros estándares personales, a vivir con más conciencia, y a recordar que nuestras acciones hablan —y deben hablar— de nuestra identidad como judíos.













