Dar es Recibir

La palabra hebrea para “dar”, Natan (נָתַן), guarda en su estructura una lección eterna. Es un palíndromo: se lee igual hacia adelante y hacia atrás. Así también ocurre con el acto de dar: cuando uno da, también recibe. No por casualidad, sino porque así está diseñado el alma humana, creada a imagen del Creador, cuya esencia es el bien. Como enseñaron nuestros Sabios: Tevá hatov leheitiv —es propio de Aquel que es bueno, hacer el bien.

En tiempos en que el individualismo amenaza con volvernos indiferentes, la Torá nos recuerda que dar no es una pérdida, sino una expresión de plenitud. Los estudios contemporáneos corroboran lo que nuestras fuentes enseñaron hace siglos: quien da con generosidad, no sólo eleva al otro, sino que se eleva a sí mismo. Disminuyen los niveles de depresión, aumentan la salud emocional y física, y hasta la felicidad perdura más en quien dedica lo que tiene —sea mucho o poco— al prójimo.

No se trata únicamente de dinero. Ser hospitalario, estar emocionalmente disponible, tener tiempo y escucha: todo eso también es dar. Es abrir el alma. Y la paradoja sagrada es que, al hacerlo, la propia alma se ensancha.

El Talmud afirma que quien diezma será bendecido con abundancia. La riqueza, enseñan nuestros Sabios, es un préstamo divino que sólo cobra sentido cuando es utilizada en nombre del bien. No somos dueños absolutos, sino custodios responsables. Como dijo Rabí Yaakov ben Asher: no caigas en la trampa de pensar que das de lo tuyo; lo que posees fue confiado a ti con el propósito de ser compartido.

Sir Moses Montefiore, gran filántropo del siglo XIX, lo expresó con humildad y lucidez. Al preguntársele cuánto valía, respondió según lo que había donado a la caridad, no lo que poseía. Porque, en verdad, sólo vale lo que uno está dispuesto a entregar.

Que aprendamos a dar con manos abiertas y corazón firme. Que confiemos en la promesa divina de que quien bendice al otro será bendecido. Y que, por sobre todas las cosas, nunca olvidemos que dar no es sólo una obligación moral: es una oportunidad para hacer del mundo un reflejo más claro de la bondad de Di-s.