Al acercarnos a la lectura de la parashá Koraj esta semana, deseo compartir con ustedes una reflexión profunda y necesaria para nuestro crecimiento espiritual y comunitario.
La parashá Koraj nos relata una de las rebeliones más graves del pueblo de Israel en el desierto. Koraj y sus seguidores no solo cuestionaron el liderazgo de Moshé y Aharón, sino que lo hicieron desde un lugar de envidia y ambición, buscando más el poder y el estatus que la verdad o el bienestar del pueblo. Los Sabios nos enseñan que esta fue una discusión que no fue “por amor al Cielo”, sino una lucha por la victoria personal a cualquier costo.
El contraste entre esta disputa y la que existió entre las escuelas de Hilel y Shamai es fundamental para nuestra vida comunitaria. Mientras que Koraj buscaba socavar y destruir, Hilel y Shamai discutían con humildad, respeto y un genuino deseo de encontrar la verdad. En sus debates, cada uno escuchaba al otro, enseñaba sus opiniones y estaba dispuesto a ser corregido, porque entendían que la verdad no pertenece a uno solo, sino que se construye en conjunto.

Esta enseñanza es especialmente relevante en tiempos donde las diferencias pueden dividirnos. La verdadera grandeza radica en “discutir por amor al cielo”, en respetar al otro aunque no estemos de acuerdo, en no buscar humillar sino en edificar, en no luchar por el ego sino por la justicia y la verdad.
Recordemos que el liderazgo no es una afirmación de poder personal, sino un servicio sagrado a la comunidad y a Di-s. Así lo mostró Di-s mismo al manifestar su voluntad a través del milagro del bastón florecido de Aharón, símbolo de vida, santidad y conexión divina, frente a la ambición destructiva de Koraj.
Que esta parashá nos inspire a cultivar el respeto, la humildad y el amor fraterno, y a transformar nuestras discusiones en espacios de crecimiento y unión, siempre con la mirada puesta en la verdad y en el bien común.
Que Di-s bendiga nuestra comunidad con paz, sabiduría y entendimiento.













