En estos días en los que transitamos desafíos, preocupaciones y búsquedas constantes de estabilidad, la Torá nos regala una enseñanza profunda y reconfortante:
“El aval es HaShem.”
A simple vista, esta idea puede parecer abstracta. Pero nuestros Sabios, a través de relatos llenos de vida, nos enseñan que no se trata de una metáfora… sino de una realidad espiritual.
Se cuenta de una persona que, atravesando una gran crisis económica, necesitó un préstamo enorme para poder volver a levantarse. Al no querer exponer su situación frente a otros, decidió algo inusual: declarar que su aval sería el propio Creador.
El tiempo pasó, y cuando no pudo devolver el dinero, el acreedor —recordando quién era el garante— elevó su pedido directamente a HaShem. No pidió riqueza ni devolución monetaria. Pidió una bendición: que su hija encontrara su hogar, que pudiera formar una familia.
Y así fue. En poco tiempo, su pedido fue respondido.
Este relato, junto con el episodio de Rabí Akiva, nos revela una verdad fundamental:
Cuando una persona deposita su confianza en HaShem de manera sincera, no está apostando… está conectándose con la fuente misma de toda bendición.
Pero debemos entender algo esencial.
No se trata de utilizar a HaShem como “recurso de emergencia”.
No se trata de decir: “cuando todo falla, entonces confío en Dios”.
La verdadera enseñanza es vivir con esa conciencia todo el tiempo.

Saber que nuestros esfuerzos son necesarios, pero no suficientes.
Que trabajamos, planificamos, luchamos… pero el resultado final no depende únicamente de nosotros.
El hombre cree que su sustento viene de su negocio, de su trabajo o de sus contactos. Pero la Torá nos enseña:
el verdadero aval, el verdadero sostén, es HaShem.
Y aún más profundo:
A veces pedimos dinero… y HaShem nos da algo mucho más grande.
A veces pedimos soluciones materiales… y recibimos bendiciones espirituales que transforman nuestra vida.
Porque Él no responde solo a nuestras palabras, sino a nuestras verdaderas necesidades.
Queridos hermanos, el desafío es claro:
Confiar, pero de verdad.
No solo cuando estamos desesperados, sino también cuando todo parece estar bien.
Reconocer que cada paso, cada logro y cada bendición viene de Él.
Y al mismo tiempo, hacer nuestra parte con integridad, con esfuerzo y con fe.
Que tengamos el mérito de vivir con esta certeza,
de sentir que nunca estamos solos,
y de ver, en nuestras propias vidas, cómo el verdadero Aval cumple siempre Su palabra.
Que HaShem bendiga a cada uno con sustento, paz y yeshuot reveladas.













