En esta semana leemos la Perashá Beshalaj, una de las más profundas y formativas de toda la Torá, donde el pueblo de Israel deja definitivamente la esclavitud de Egipto y comienza su travesía hacia la libertad. No solo una libertad física, sino una libertad espiritual, cargada de responsabilidad, fe y compromiso.
La Torá nos dice que los hijos de Israel salieron de Egipto jamushim. Nuestros sabios nos enseñan que esta palabra encierra significados profundos. Algunos explican que solo una quinta parte del pueblo logró salir; otros, que cada familia partió con “cinco hijos”; y otros más, que el pueblo salió “armado”. Pero no armado con espadas ni lanzas, sino armado con buenas acciones.
El Beer Iosef nos revela una enseñanza conmovedora: muchos adultos no sobrevivieron a la oscuridad de Egipto, pero sus hijos quedaron con vida. ¿Qué hizo el pueblo judío en ese momento tan crítico? Cuando estaban a punto de iniciar un viaje incierto por el desierto, cuando ellos mismos cargaban con miedo, inseguridad y dolor, decidieron hacerse cargo de los huérfanos. Adoptaron, cuidaron y protegieron a quienes no tenían a nadie. Ese fue su armamento. Ese fue su verdadero mérito.

Este es el mensaje central de Beshalaj: incluso en los momentos más difíciles, cuando una persona podría justificarse diciendo “ya tengo demasiados problemas propios”, la Torá nos enseña que justamente allí se mide la grandeza humana. Hacer jésed cuando todo resulta cuesta arriba tiene un valor inmenso ante Hashem.
No es casualidad que el profeta Irmiahu recuerde esta etapa como “la bondad de tu juventud”, cuando el pueblo siguió a Hashem hacia un desierto sin sembrar. No solo confiaron en Él, sino que cargaron con otros, con responsabilidad y amor, aun sin saber qué les depararía el futuro.
Beshalaj nos interpela hoy, en nuestra vida cotidiana. Nos pregunta: ¿somos capaces de ver al otro incluso cuando estamos atravesando nuestras propias dificultades? ¿Podemos convertir nuestros desafíos personales en oportunidades para ayudar, acompañar y sostener?
Que esta perashá nos inspire a salir fortalecidos, no por nuestras certezas, sino por nuestros actos. Que sepamos “armarnos” con bondad, sensibilidad y fe, y que ese sea siempre nuestro verdadero escudo.
Que Hashem nos dé la fuerza para vivir la Torá no solo con palabras, sino con hechos.
Amén.













