El Calor También es una Bendición

En estos días de verano, cuando el sol brilla con intensidad y el calor parece agobiarnos, es natural escuchar quejas y expresiones de incomodidad. Sin embargo, el judaísmo nos enseña a mirar la realidad con ojos de gratitud y profundidad.

En el comienzo del Jumash, la Torá nos dice: “Y vio Elokim todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno”. Si Hashem, en Su infinita sabiduría, vio el mundo como “muy bueno”, también nosotros, como avdei Hashem, debemos entrenarnos para ver el bien en todo lo que Él creó.

¿Hace calor? ¡Baruj Hashem! ¡Qué maravilla! Ese calor no es una molestia, sino una bendición. Es el horno celestial de Hashem que madura las frutas en los árboles, que endulza las peras, que enrojece las manzanas. Es el calor que hace crecer el trigo en los campos.

Imaginen una casa donde el marido entra a la cocina y se queja del calor que siente, sin darse cuenta de que ese mismo calor es el que está cocinando su cena. Así también ocurre con el verano: el sol nos hornea los frutos que disfrutaremos durante todo el año. Es Hashem quien nos regala ese calor, sin costo alguno, directamente desde 150 millones de kilómetros de distancia.

¿No merece eso una sonrisa? ¿Una bendición de agradecimiento?
Claro, no se trata de exponerse irresponsablemente al sol ni de ignorar el cuidado físico, pero sí de reconocer que cada rayo de luz tiene un propósito.

Este verano, les invito a mirar al cielo, a agradecer por el calor, por la fruta, por la vida que brota en los campos. Y que cada gota de sudor sea también una gota de emuná — de fe en que todo, absolutamente todo, es tov meod, muy bueno.