Esta semana leemos la Perashá Ki Tavó, en la cual la Torá nos enseña una de las claves más profundas para alcanzar una vida de verdadera alegría: saber reconocer y valorar las bendiciones que HaShem ya nos ha concedido.
La Torá nos dice, al hablar de la mitzvá de los Bikurim, las primicias que se llevaban al Beit HaMikdash:
“Y te alegrarás con todo el bien que HaShem, tu Dios, te ha dado a ti y a tu casa.”
Resulta llamativo que la Torá tenga que ordenarnos “y te alegrarás”. ¿Acaso no es natural que una persona se alegre cuando finalmente disfruta del fruto de tantos años de esfuerzo?
El agricultor sembró, esperó, trabajó y cuidó su cosecha. Finalmente, llega el momento de recoger los frutos y llevar las primicias al Templo. Debería estar lleno de felicidad.
Pero la Torá conoce profundamente la naturaleza humana.
Una persona puede estar completamente satisfecha con lo que tiene… hasta que comienza a mirar lo que tiene el otro.
Estamos felices con nuestra casa hasta que vemos la casa de un vecino. Estamos satisfechos con nuestro automóvil hasta que nuestro amigo compra uno más moderno. Agradecemos nuestro trabajo hasta que descubrimos cuánto gana otra persona.
Y entonces, aquello que ayer nos hacía felices, hoy nos parece insuficiente.
La realidad no necesariamente cambió. Lo que cambió fue nuestra mirada.
La Torá nos está enseñando que la felicidad no depende únicamente de cuánto tenemos, sino de cómo aprendemos a mirar lo que tenemos.
Por eso, el verdadero desafío no es conseguir siempre más, sino aprender a agradecer más.

Nuestros Sabios nos enseñan que los celos nacen muchas veces de la comparación. Cuando constantemente medimos nuestra vida en relación con la vida de los demás, dejamos de ver nuestras propias bendiciones.
Y esto también nos ayuda a comprender las palabras que decimos diariamente en el Shemá:
“No se desviarán tras su corazón y tras sus ojos.”
¿Por qué primero menciona el corazón y después los ojos?
Porque muchas veces el problema no comienza cuando vemos algo. Comienza antes, en nuestro interior.
Si nuestro corazón está lleno de gratitud, cuando vemos que otra persona recibió una bendición podremos alegrarnos por ella.
Pero si nuestro corazón está lleno de insatisfacción, cualquier cosa que veamos puede convertirse en motivo de comparación, celos o frustración.
Queridos amigos:
Estamos entrando en un período particularmente importante del año. El mes de Elul nos invita a mirar hacia nuestro interior y prepararnos para los Iamim Noraim.
Quizás una de las preguntas que debemos hacernos es:
¿Estoy agradeciendo suficientemente todo lo que HaShem ya me ha dado?
No significa que no debamos aspirar a crecer. El judaísmo no nos enseña a conformarnos pasivamente. Debemos trabajar, mejorar y alcanzar nuevas metas.
Pero una cosa es querer crecer y otra muy distinta es vivir sintiendo que nunca tenemos suficiente.
Podemos aspirar a más y, al mismo tiempo, agradecer profundamente lo que ya tenemos.
Esta semana les propongo algo muy sencillo: cada día detengámonos unos minutos y pensemos en tres cosas concretas por las cuales podemos agradecer a HaShem.
Nuestra familia. Nuestra salud. Un amigo. El sustento. Una oportunidad. Un momento de tranquilidad. La posibilidad de estudiar Torá. Una mitzvá. Una comida. Un hogar. Incluso aquello que muchas veces damos por sentado.
Cuando aprendemos a mirar nuestra vida desde la gratitud, descubrimos que tenemos mucho más de lo que creíamos.
Que HaShem nos conceda la sabiduría para reconocer Sus bondades, un corazón capaz de alegrarse por las bendiciones de los demás y la fortaleza para no vivir comparándonos con nadie.
Y que, especialmente en este tiempo de preparación para los Iamim Noraim, podamos llegar ante HaShem con un corazón agradecido, alegre y dispuesto a crecer.











