En Positivo

Hoy quiero compartir con ustedes un relato que nos brinda esperanza y nos muestra el poder transformador de la fe y el arrepentimiento. En el tratado de Taanit (25-b) se nos cuenta que, durante una gran sequía en Israel, dos grandes Rabanim elevaron plegarias al Creador:

Rabi Eliezer sostuvo que la sequía era consecuencia de los pecados del pueblo, y en su oración dijo: “Mientras el pueblo no se arrepienta de sus pecados, está claro que no lloverá”. Por su parte, Rabi Akiva expresó: “Amo del universo, es verdad que el pueblo de Israel ha pecado, pero ten piedad de ellos, perdónalos, aunque no lo merezcan, concédeles la lluvia”.

¡La fe y la compasión de Rabi Akiva fueron escuchadas, y su plegaria produjo el efecto deseado! Este relato nos enseña que Hashem otorga en la medida en que deseamos y de la manera en que pedimos, especialmente cuando nuestra petición está impregnada de esperanza y bondad.

Cada día, al recitar la Amidá, pedimos: “Devuélvenos, Padre Nuestro, a Tu Torá, y acércanos, Rey Nuestro, a Tu servicio, y devuélvenos en un arrepentimiento completo delante de Ti”. Aquí encontramos la combinación perfecta: reconocimiento de nuestras faltas, arrepentimiento sincero y solicitud de misericordia. Como nos recuerda el Talmud en Shabat 104a: “Quien quiera purificarse será ayudado”. No estamos solos en nuestra búsqueda de acercamiento a Di-s; Él nos sostiene y guía en nuestro camino de mejora.

Es cierto que el salmista nos dice en Tehilim 51:5: “Mi pecado está siempre ante mí”. Sin embargo, Rashi aclara que esto significa que, aunque somos conscientes de nuestras faltas, podemos mantenernos a distancia de la melancolía. La Torá y los Tehilim nos recuerdan que el propósito no es vivir en humillación, sino crecer en alegría y regocijo: “Hazme escuchar alegría y regocijo” (51:10).

Aunque nos entristece la memoria de la destrucción del Beit Hamikdash y reconocemos que las causas que la produjeron aún persisten, debemos mantener una fe completa en la Rachmanut —la infinita misericordia del Creador— y en el poder del arrepentimiento verdadero. La redención no depende sólo de los méritos del pasado, sino de nuestra voluntad de acercarnos a Hashem con corazón sincero y acción decidida.

Que esta enseñanza nos inspire a mirar cada desafío con esperanza, a purificar nuestras acciones y a vivir con alegría, confiando plenamente en la bondad y la misericordia de nuestro Creador. Al hacerlo, abrimos la puerta a la redención y a la abundancia de bendiciones en nuestras vidas y en la vida de toda nuestra comunidad.