Vivimos en una época en la que el hombre mira cada vez más lejos. Explora los cielos, estudia galaxias y busca vida en los confines del universo. Sin embargo, nuestros sabios nos enseñan que la verdadera pregunta no es dónde está el centro geográfico del universo, sino cuál es el lugar que tiene mayor importancia ante los ojos de Hashem.
El Rav Avigdor Miller explicaba que la Tierra es el centro del universo, no por su ubicación física, sino porque es aquí donde se desarrolla el propósito de la Creación. Y dentro de esta Tierra, el centro no es un lugar determinado, sino aquel sitio donde mora la Shejiná, la Presencia Divina.
La Torá comienza hablando de los cielos y de la tierra, pero rápidamente dirige nuestra atención hacia el ser humano, luego hacia Avraham Avinu y, finalmente, hacia el pueblo de Israel. Porque lo que verdaderamente importa no es el tamaño, el poder o la fama, sino la cercanía con Hashem.

Por ello, cada hogar judío que se esfuerza por vivir con Torá, cada familia que santifica el Shabat, cada persona que pronuncia una berajá, estudia una página de Torá o realiza un acto de bondad, convierte su entorno en un centro espiritual del universo.
No necesitamos recorrer las estrellas para encontrar nuestro propósito. Hashem nos reveló dónde desea habitar: “Veshajanti betoj Benei Israel” – “Y habitaré entre los Hijos de Israel”.
Que tengamos el mérito de hacer de nuestros hogares un lugar digno de la Presencia Divina, fortaleciendo nuestra identidad, nuestro estudio de Torá y nuestro amor por Hashem y por Am Israel.













