Entrenarse Para Ser Cortés

A menudo pensamos que las grandes mitzvot se encuentran en los momentos extraordinarios de la vida. Sin embargo, nuestros Jajamim nos enseñan que la verdadera grandeza de una persona suele revelarse en los detalles más simples de su conducta cotidiana.

Una palabra de agradecimiento, un saludo cordial, un “por favor” dicho con sinceridad o una muestra de reconocimiento hacia quien nos presta un servicio pueden parecer gestos pequeños. Sin embargo, delante de Hashem tienen un valor inmenso, porque reflejan la sensibilidad y el refinamiento de nuestro carácter.

El Rav Avigdor Miller enseñaba que una persona debe entrenarse para ser cortés. No se trata solamente de buenos modales, sino de desarrollar la capacidad de reconocer el esfuerzo y la dignidad de quienes nos rodean. Cuando alguien nos abre una puerta, nos atiende en un comercio o realiza una tarea en nuestro beneficio, tenemos la oportunidad de ejercitar la gratitud.

Muchas veces esperamos que los demás sean amables con nosotros antes de mostrar amabilidad. La Torá nos enseña el camino opuesto: nosotros debemos tomar la iniciativa. No porque busquemos reconocimiento, sino porque cada encuentro humano es una oportunidad para perfeccionarnos.

Esta enseñanza adquiere una importancia aún mayor dentro del hogar. Con frecuencia mostramos nuestra mejor versión a los extraños y reservamos nuestra impaciencia para quienes más queremos. Sin embargo, el esposo debe agradecer a su esposa por todo lo que hace por la familia, y la esposa debe expresar reconocimiento y respeto hacia su esposo. Ninguna muestra de gratitud debe darse por sentada.

Nuestros Sabios enseñaron: “Mitoj shelo lishmá ba lishmá” — de aquello que se hace inicialmente sin la intención más pura, finalmente se llega a hacerlo por la razón correcta. Aunque al principio una persona se esfuerce por ser amable porque desea causar una buena impresión, ese ejercicio constante moldea su corazón y la acerca a una gratitud auténtica.

Y existe una enseñanza todavía más profunda. ¿Cómo puede una persona agradecer sinceramente a Hashem si no es capaz de agradecer a las personas que ve todos los días? Cuando aprendemos a reconocer el bien que recibimos de nuestros semejantes, desarrollamos también la capacidad de reconocer los innumerables favores que Hashem nos concede a cada instante.

Por eso, cada encuentro es una oportunidad. Cada palabra amable es una mitzvá. Cada agradecimiento sincero es un paso más en la construcción de una personalidad noble y refinada.

Que tengamos el mérito de convertirnos en personas que honran a los demás, expresan gratitud con generosidad y santifican el Nombre de Hashem a través de sus acciones cotidianas.