Con la creación de Adam y Java, se fundó el género humano.
El cuerpo del hombre es polvo de la tierra, y el polvo, lo eches como lo eches, cae hacia abajo. Con el alma sucede lo contrario, que sólo desea ir hacia arriba, hacia la Fuente de su existencia y el Trono de Gloria; por muy baja que se encuentre en un momento dado, grita a través de la reja de la cárcel del cuerpo donde está encerrada: “mi alma tiene sed de ti, cómo te desea mi carne”.
Se cuenta que un profesor, un inventor genial, creó por medio de la mezcla de distintas hierbas un gólem que estaba vivo y podía moverse y actuar, pero no por eso dejaba de ser un gólem, sin espíritu ni alma. En más de una ocasión, el gólem atacó a su creador, lo agarró por el cuello y estuvo a punto de ahogarlo.
“Me has creado manos, piernas, ojos y todos los miembros que tiene un ser humano”, gritaba el gólem. “Insúflame también un alma humana. Soy la irrisión y la mofa de todo el mundo. “¡Eres un gólem!”, me dicen todos. Y tampoco yo encuentro ningún sentido a mi vida. Todo en ella es seco y mecánico, sin la menor humedad y sentimiento de estar vivo. Estoy harto de esta vida, ¿para qué quiero vivir?”
El inventor reconoció que el gólem tenía razón, pero le dio vergüenza reconocer la verdad, que él no era D’s y no podía insuflar un alma en su criatura.
Se sentó, pues, en el sillón de su despacho y miró a su alrededor, a las paredes llenas de diplomas enmarcados en oro y firmados por los mejores profesores mientras pensaba desalentado: “¿de qué me valen el honor y la gloria mundial que me ha proporcionado la creación de un ser vivo o que me haya hecho famoso en los periódicos y entre la gente hasta el punto de que todos envidian mi capacidad y mis dotes para estas invenciones extraordinarias, si estoy viviendo en un temor constante de que el gólem que creé se alce contra mí, cumpla su amenaza y me mate? Justamente en este despacho tan grande y lujoso, lleno de instrumentos y máquinas de los que me serví para crear mi gólem, es donde no tengo tranquilidad. Toda mi gloria y todos mis medios no me valen para nada. El gólem quiere acabar con mi vida. No para de plantearme su ultimátum: créame un alma o te ahogo. Y cada vez, añade: “¡te lo advierto por última vez! No es posible que con tantos instrumentos como tienes, no puedas darme un alma”.
Al famoso profesor, para su gran humillación, no le quedó más remedio que sentarse ante sus instrumentos y sus máquinas y programar rápidamente la destrucción del gólem, antes de que este último, lo destruyera a él.

Sabemos que en el mundo de la medicina hay principios claros sobre la conformación del interior del hombre, el estado de sus miembros, el ciclo de la sangre, del azúcar etc. Cuando la persona va al médico, este último no mira si lleva un traje bonito, al contrario, se lo hace quitar. Lo que mete en la máquina es el cuerpo, a él es a quien hace una radiografía y un análisis de sangre. Ala máquina no se le puede engañar.
Según lo que la radiografía muestra, se diagnostica la enfermedad y, de acuerdo al diagnóstico, se administra la medicina apropiada. Cuanto más certeros los diagnósticos del médico, más famoso se hace; todos acuden a él y vuelven a su consulta. Esto es en lo que atañe a los problemas físicos de la persona. En lo que se refiere a los espirituales, desdichadamente, no ocurre lo mismo. En este último aspecto, hay mucha gente que detesta los diagnósticos morales de sus enfermedades espirituales y huye de la verdad como del fuego. Y si saben de alguien que los conoce bien y sabe cuáles son sus debilidades, también de él huyen como si les fuera la vida en ello.
Cuando se trata de enfermedades físicas, la persona no toma en cuenta el dinero ni el tiempo sino que está dispuesta a tomar el avión y volar al otro lado del mundo para hacerse tratar por los médicos que pueden diagnosticar su enfermedad y se lo agradecen. Con las enfermedades espirituales, en cambio, sucede exactamente lo contrario, que el hombre huye al otro lado del mundo para alejarse de quien sabe la verdad de sus carencias espirituales, no vaya a ser que sepa hacer un diagnóstico exacto y le proponga alguna curación mediante censuras y lecciones de ética.
El ser humano, creación del Santo, bendito sea, está compuesto de un cuerpo-gólem y un alma viva. Y de lo alto le dieron la capacidad de sobreponer el alma al cuerpo, de que el espíritu gobierne a la carne. Más aún: de alzar la materia hecha de la tierra, al nivel superior de una sensación viva y anhelante que grita: “mi alma tiene sed de ti, cómo te desea mi carne”. El acento se pone aquí en la palabra “carne”. Está escrito: “No hay alegría sino en la carne”. Si la persona logra alzar su carne hecha de polvo al nivel de carne imbuida de santidad porque su cuerpo se consagra y se eleva y su parte material pasa a ser un alma viva sedienta de apegarse a su Creador, en ese caso en lo Alto produce una gran alegría porque ése es el objetivo con que fue creado el ser humano: convertir su físico en forma, su parte material en espiritual.













