En la Torá encontramos que nuestro pueblo lleva el nombre de Israel, un nombre que no significa sumisión, sino lucha: “Porque has luchado con seres divinos y humanos, y has prevalecido”. Este nombre no es casualidad. Es una declaración eterna sobre nuestra misión y nuestra identidad: no aceptar pasivamente decretos o realidades injustas, sino cuestionar, debatir y, cuando es necesario, interceder con firmeza y humildad.
Vemos a Abraham, quien desafió a Di-s mismo frente al decreto contra Sodoma y Gomorra, preguntando: “¿Acaso el Juez de toda la tierra no hará justicia?”. Vemos a Moshé, quien no dudó en reclamar ante el sufrimiento de su pueblo en Egipto, e incluso, tras el pecado del becerro de oro, se interpuso entre Di-s y el pueblo, dispuesto a ofrecer su propio nombre antes que aceptar la destrucción de Israel. El Talmud nos enseña que incluso al romper las Tablas, Moshé actuó en defensa de su pueblo, y Di-s lo bendijo por ese acto.
Por el contrario, el Zóhar nos recuerda a Noaj, quien no suplicó por su generación, y lo señala como ejemplo de la pasividad que el judaísmo no alienta. Di-s, nos enseña la tradición, espera de nosotros no la obediencia ciega, sino la responsabilidad activa: “Cuando gano, pierdo y cuando me ganan, gano”, dice el Midrash. En otras palabras, Di-s encuentra alegría en que Su pueblo Le recuerde los valores que Él mismo nos ha encomendado.

Ser parte de Israel significa no resignarnos frente al mal ni aceptar la injusticia como inevitable, sino enfrentarlas con fe, principios y valentía. Así lo ha hecho nuestro pueblo a lo largo de la historia, aportando al mundo ideas como la dignidad humana, la igualdad ante la ley y la responsabilidad colectiva.
El mensaje es claro: Di-s permite que existan desafíos en el mundo para que no seamos espectadores, sino protagonistas de la reparación. Nuestra sagrada misión es transformar la realidad con actos de justicia, compasión y firmeza moral.
Que cada uno de nosotros, en nuestra vida cotidiana, sepa portar con orgullo el nombre de Israel, recordando que significa luchar no por rebeldía vacía, sino por amor a la verdad, por fidelidad a la justicia y por compromiso con el bien.













