Recibir la Torá

Esta semana nos encontramos en un momento especial del calendario: el Shabat previo a Shavuot, conocido como Shabat Bamidbar, en el que comenzamos la lectura del cuarto libro de la Torá. Es un Shabat que no solo marca una nueva sección en nuestro recorrido semanal por la Torá, sino que también nos prepara espiritualmente para uno de los momentos más trascendentales de nuestro pueblo: Matan Torá, la entrega de la Torá en el Monte Sinaí.

La parashá comienza con las palabras “Vaidaber Hashem el Moshé Bamidbar Sinai” — “Y habló Di-s con Moshé en el desierto del Sinaí”. Nuestros sabios no dejan pasar por alto el hecho de que la Torá fue entregada en un desierto. ¿Por qué no en una ciudad sagrada, o en una tierra fértil y habitada? El desierto, por definición, es un lugar vacío, silencioso, sin dueño. Allí no hay distracciones, ni jerarquías sociales, ni estructuras materiales que compitan con la voz de Di-s.

Este detalle encierra un mensaje profundo: para recibir la Torá, hay que estar dispuesto a “hacerse desierto”, es decir, despojarse del ego, vaciarse de prejuicios, de certezas absolutas y de intereses personales. Solo quien se acerca con humildad puede acceder al verdadero significado de las enseñanzas divinas. El desierto simboliza apertura, disponibilidad y entrega total.

Asimismo, nuestros sabios comparan la Torá con tres elementos: el fuego, el agua y el desierto. ¿Qué tienen en común estos tres? Que son libres, no tienen propietario y están al alcance de todos. Nadie puede apropiarse del fuego, ni del agua, ni del desierto; lo mismo ocurre con la Torá. No es de unos pocos, ni de los más sabios ni de los más piadosos. La Torá es un legado de todo Am Israel, para cada uno según su capacidad y búsqueda interior.

Este mensaje es especialmente relevante en nuestros tiempos. Vivimos en una sociedad donde el conocimiento muchas veces se convierte en mercancía, donde el acceso se restringe según el poder adquisitivo o el estatus social. Pero la Torá, en su esencia, se opone a esa lógica. No se vende ni se compra. Está disponible para quien la busca con honestidad. Di-s no habita en el mármol de los edificios ni en la vestimenta de lujo. Habita en el corazón del que lo busca sinceramente. Como dice el versículo: “No está en el cielo ni más allá del mar… está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón para cumplirla”.

Al acercarse Shavuot, debemos recordar que cada año renovamos nuestro compromiso con la Torá. No como un ritual abstracto, sino como una oportunidad real de recibirla nuevamente. No como quienes la heredan por costumbre, sino como quienes la descubren por primera vez. Preparémonos para este encuentro sagrado vaciando un poco nuestro “yo”, abriendo espacio para el otro, y también para Di-s.

Que este Shabat Bamidbar nos inspire a redescubrir la belleza de una Torá accesible, abierta y viva. Y que en Shavuot podamos recibirla con la misma humildad, entusiasmo y disposición con la que lo hicieron nuestros antepasados al decir: Naasé venishmá — “Haremos y escucharemos”.