Por Favor, No Me Interrumpas

Esta semana leemos la Perashá Behaalotjá.

Hacia el final de la parashá aparece un episodio muy fuerte: Miriam y Aharón cuestionan a Moshé, y Hashem mismo interviene para hablar con ellos. Lo sorprendente es la manera en que comienza: “Por favor, escuchen Mis palabras”.

Rashi explica que, aunque Hashem estaba enojado, igualmente eligió hablar con suavidad. De acá aprendemos una enseñanza enorme: incluso cuando corregimos o discutimos con alguien, el tono importa. La forma en que hablamos puede definir si nuestras palabras serán escuchadas o rechazadas.

Pero los jajamim encuentran otra enseñanza todavía más profunda. El Bartenura explica que de este versículo aprendemos una característica fundamental de una persona sabia: no interrumpir al otro mientras habla.

Parece algo simple, pero no lo es. Muchas veces creemos que estamos escuchando, cuando en realidad solo estamos esperando nuestro turno para responder. Interrumpimos, apuramos conclusiones o pensamos la respuesta antes de entender completamente lo que la otra persona quiere transmitir.

La Torá enseña que escuchar de verdad requiere paciencia, humildad y respeto. Cuando alguien es interrumpido, se confunde, pierde el hilo de sus palabras y siente que aquello que tiene para decir no tiene valor. Escuchar hasta el final no es solo una cuestión de educación: es una forma de darle dignidad al otro.

Rabenu Iona agrega que no interrumpir es derej eretz, una conducta correcta y refinada. Y otros comentaristas explican que solamente quien sabe escuchar puede llegar realmente a la sabiduría, porque para aprender primero hay que estar dispuesto a recibir.

El Alter de Novardok decía que la grandeza de Rav Jaim Ozer Grodzensky no provenía únicamente de su inteligencia extraordinaria, sino de su capacidad de escuchar y absorber cada enseñanza de los grandes sabios de su generación. Él no buscaba imponer su opinión; primero se convertía en un recipiente.

Vivimos en una época donde todos quieren hablar, opinar y responder rápido. La Perashá Behaalotjá viene a recordarnos algo contracultural: la verdadera grandeza muchas veces empieza en silencio, escuchando con el corazón abierto.