Hoy, en la sagrada tarde de Purim, nos reunimos no sólo para celebrar un recuerdo histórico, sino para vivir una verdad eterna que late en el corazón del pueblo judío.
En este día proclamamos públicamente los acontecimientos narrados en la santa Meguilat Ester, donde se nos revela cómo un decreto de exterminio se transformó en salvación, cómo la oscuridad dio paso a la luz, y cómo el temor se convirtió en alegría.
Observemos el detalle más sorprendente: en todo el Libro de Ester no aparece explícitamente el Nombre de Hashem. No hay milagros abiertos ni señales sobrenaturales visibles. Todo parece desarrollarse dentro de los marcos naturales de la política, la casualidad y las decisiones humanas. Y sin embargo, cada evento encaja con precisión perfecta.
Este es el mensaje profundo que debemos grabar hoy en nuestras almas: incluso cuando el Creador parece oculto, Él dirige cada detalle. Purim nos enseña que no existen coincidencias. Lo que parece disfrazado es, en verdad, Providencia.

Hoy cumplimos las cuatro mitzvot sagradas que sostienen esta jornada:
Escuchamos atentamente la lectura de la Meguilá, proclamando el milagro ante la comunidad.
Enviamos Mishloaj Manot, fortaleciendo los lazos de amistad y unidad.
Entregamos Matanot LaEvionim, recordando que nuestra alegría no es completa si un hermano carece de lo necesario.
Participamos en la seudá festiva, celebrando con gratitud y reconocimiento.
Purim no es sólo una fiesta de disfraces y celebración externa. Las máscaras que usamos nos recuerdan que la realidad misma puede estar “disfrazada”. Detrás de los desafíos personales, detrás de los momentos de incertidumbre, se encuentra la mano amorosa del Todopoderoso guiando nuestra historia.
Nuestros sabios enseñaron que debemos alegrarnos hasta no distinguir entre “maldito es Hamán” y “bendito es Mordejai”. Esto no significa perder claridad, sino elevarnos a un nivel donde comprendemos que incluso los giros más desconcertantes forman parte del plan Divino para el bien.
Que en esta tarde de Purim podamos abrir nuestros corazones. Que reforcemos nuestra unidad, pues fue la unión del pueblo la que transformó el decreto. Que demos con generosidad. Que celebremos con dignidad. Y que aprendamos a reconocer la presencia de Hashem incluso cuando parece estar oculta.
¡Purim Sameaj, querida comunidad!
Que la alegría de hoy ilumine todo el año.













