¿Qué les Molesta?

En las últimas semanas hemos sido testigos de discursos peligrosos y profundamente hirientes que circulan con creciente fuerza en el seno del pueblo de Israel. Se ha llegado a escuchar afirmaciones que tildan a los judíos observantes de “parásitos” o de “improductivos”, acusaciones tan injustas como alarmantes. Frente a este clima de división, debemos alzar nuestras voces con serenidad, pero con firmeza.

Vivimos tiempos en los que ciertos sectores del gobierno israelí han impulsado medidas que afectan directamente al corazón mismo de la vida judía observante: recortes a los subsidios de nuestras ieshivot, eliminación de beneficios esenciales para las familias numerosas, y presiones sin precedentes sobre nuestras instituciones de estudio. Quieren poner condiciones a la entrega de fondos, negando el valor espiritual y social de quienes dedican sus días al estudio de la Torá, como si solo lo material fuera valioso en la construcción del país.

Pero nosotros sabemos que la fuerza del pueblo judío jamás ha residido solamente en sus recursos militares, su economía o sus avances tecnológicos. La historia milenaria de Am Israel nos enseña que es nuestra conexión con la Torá, con Di-s, y con nuestros valores, lo que nos ha sostenido frente a enemigos, exilios y desafíos.

¿Acaso no son los estudiantes de nuestras ieshivot quienes mantienen viva la llama de la tradición? ¿Acaso no son las familias observantes las que crían a generaciones de hijos con respeto, recato, amor por el prójimo y un profundo sentido de propósito? No se trata de estadísticas, se trata de una visión de vida que ha dado frutos espirituales, éticos y comunitarios por milenios.

En nuestras instituciones no solo se estudia Torá. Muchos de nuestros niños aprenden hebreo, inglés, ciencias y matemáticas hasta un nivel muy respetable. Pero más importante aún, aprenden a vivir con sentido, con dignidad, con compromiso. Aprenden a ser mejores personas, mejores hijos, mejores ciudadanos.

Algunos podrán argumentar desde la crítica fácil, sin conocer de cerca la belleza, el orden y la profundidad de nuestra forma de vida. Los invito a abrir sus corazones. A mirar a los ojos de estos niños y jóvenes. A ver el brillo de quienes caminan con humildad y orgullo por el camino de nuestros sabios.

No pretendemos imponer, pero sí exigimos respeto. Porque la pluralidad no significa borrar al otro, sino convivir en armonía con quienes piensan distinto. Israel es el hogar de todos los judíos. Y solo unidos, bajo la guía de nuestra Torá eterna, podremos seguir siendo merecedores de los milagros cotidianos que nos rodean.

El Rey David nos enseñó: “Si tus hijos guardan Mi pacto, y este testimonio Mío que les enseño, también sus hijos para siempre se sentarán en tu trono” (Tehilim 132:12). Guardemos este pacto con orgullo y responsabilidad, sin miedo ni vergüenza, sabiendo que no estamos solos.