En días donde el mundo parece correr sin pausa, donde las preocupaciones materiales ocupan cada rincón de nuestras vidas y donde el ruido exterior muchas veces ahoga la voz del alma, recibimos con emoción y reflexión este acontecimiento singular:
por primera vez, una nación entera es invitada públicamente a detenerse y honrar la santidad del Shabat.
El Shabat no es simplemente un día de descanso. Es el corazón espiritual del pueblo judío. Desde la creación del mundo, el séptimo día fue bendecido por el Todopoderoso como un espacio sagrado para reencontrarnos con nuestra esencia, con nuestro ser , con nuestras familias y con Hashem.
Durante seis días transformamos el mundo material;
en Shabat, permitimos que el espíritu transforme nuestro interior.
La proclamación de un “Shabat Nacional” en honor a los 250 años de independencia de los Estados Unidos nos recuerda algo profundo: incluso las sociedades más modernas reconocen la necesidad humana de detenerse, agradecer y elevarse espiritualmente. No se trata solamente de una tradición antigua, sino de una verdad eterna. El hombre necesita descanso para recordar quién es y el objetivo de para qué fue creado.

Nuestros sabios enseñan que el Shabat es “me’en olam habá”, un anticipo del Mundo Venidero.
Cuando encendemos las velas, compartimos la mesa familiar, pronunciamos el Kidush y apartamos nuestras preocupaciones cotidianas, creamos un santuario en el tiempo…
En ese momento, las diferencias desaparecen y neshamá vuelve a conectarse con su fuente.
Providencialmente, este Shabat llega antes de la fiesta de Shavuot, cuando recordamos la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Allí el pueblo de Israel se unió “como un solo hombre con un solo corazón”. Ese es el verdadero mensaje del Shabat: unidad, amor al prójimo y conciencia de que cada judío forma parte de un mismo cuerpo espiritual.
Que este Shabat especial inspire a cada hogar judío a fortalecer la luz de la Torá y las mitzvot.
Que podamos desconectarnos un poco más del mundo exterior para reconectarnos con Hashem, con nuestras familias y con nosotros mismos.
Y que tengamos el mérito de ver pronto días de paz, Bendiciones infinitas, de unión y redención!!













