Sobre la Tolerancia Hacia los Demás

En una época donde las diferencias parecen separarnos más que enriquecernos, es fundamental volver a las enseñanzas de nuestra Torá y nuestros Sabios, que nos instruyen sobre la importancia de la tolerancia y la comprensión hacia el prójimo.

La Guemará (Berajot 58b) nos enseña que no existen dos personas con el mismo rostro, con la misma voz ni con la misma forma de pensar. Hakadosh Baruj Hu creó a cada ser humano de manera única e irrepetible. Esta diversidad no es un obstáculo, sino una expresión de la sabiduría infinita del Creador.

Por ello, la base para una convivencia armoniosa es aceptar al otro tal como es. En toda relación —sea conyugal, familiar o comunitaria—, la pretensión de cambiar al otro solo conduce al sufrimiento. Como enseñan nuestros Sabios: “Kol ha-posel, bemumo posel” —quien critica al otro, muchas veces lo hace desde sus propios defectos (Kidushin 70a). Es fácil ver las fallas ajenas; es más difícil reconocer que quizás esas mismas fallas habitan en nosotros.

Tolerar no significa justificar el mal o cerrar los ojos ante lo incorrecto. La Torá nos exige rechazar el mal y aspirar a la verdad. Pero antes de etiquetar a alguien como malvado, debemos primero revisar nuestras propias intenciones, y consultar con humildad lo que dictan nuestras fuentes sagradas. La crítica apresurada rara vez construye; el juicio severo sin conocimiento, suele destruir.

Quien busca imponer su forma de ser sobre los demás, en lugar de enseñar con amor o ser ejemplo de lo que predica, está en un camino de frustración. El respeto hacia la individualidad del otro, sabiendo que así fue creado por la voluntad divina, es el primer paso hacia la paz verdadera.

Que podamos mirarnos con ojos más comprensivos, hablar con palabras más suaves y escuchar con oídos atentos. Que construyamos hogares y comunidades donde la diversidad sea valorada, donde la paciencia florezca y donde la voluntad de mejorar comience siempre por uno mismo.