Esta semana tenemos el mérito de leer Parashat Vaetjanán, donde la Torá nos transmite uno de los mensajes más conmovedores de nuestro maestro Moshé. Después de conducir al pueblo durante cuarenta años por el desierto, Moshé suplica a Hashem que le permita ingresar a la Tierra de Israel. Nuestros Sabios preguntan: ¿Por qué deseaba tanto entrar? ¿Acaso buscaba disfrutar de sus frutos o de su belleza?
El Talmud responde que Moshé anhelaba ingresar para cumplir aquellas mitzvot que solamente pueden realizarse en Eretz Israel. Su deseo no era material, sino profundamente espiritual. Su mayor aspiración era acercarse aún más a Hashem mediante el cumplimiento de Su voluntad.
De aquí aprendemos una enseñanza fundamental: la verdadera grandeza del judío no se mide por lo que posee, sino por su deseo constante de crecer en Torá, mitzvot y cercanía con el Creador.

Eretz Israel ocupa un lugar único en el corazón del pueblo judío. Es la tierra que Hashem eligió para Su pueblo, donde tantas mitzvot alcanzan su máxima expresión y donde la presencia de la Shejiná se manifiesta de manera especial. Aun quienes vivimos fuera de ella debemos mantener vivo el amor por la Tierra de Israel, rezar por su paz, fortalecer nuestro vínculo con ella y comprender que Jerusalén sigue siendo el corazón espiritual de nuestro pueblo.
En esta misma parashá también recibimos el Shemá Israel, la declaración de fe que acompaña al judío desde su nacimiento hasta el último instante de su vida. Con estas palabras renovamos diariamente nuestro compromiso con Hashem y recordamos que Él es Uno y Único.
Que Parashat Vaetjanán despierte en nosotros el mismo anhelo que tuvo Moshé Rabenu: el deseo sincero de acercarnos cada día más a Hashem, de fortalecer nuestra observancia de las mitzvot y de transmitir ese amor por la Torá a nuestros hijos y a las futuras generaciones.
Que tengamos el mérito de ver muy pronto la paz en Eretz Israel, la reconstrucción de Jerusalén y del Beit Hamikdash, con la llegada del Mashíaj, pronto en nuestros días.













