Buscar el Éxito

Vivimos en un mundo en el que muchas veces se valora el reconocimiento externo, el aplauso, la imagen. No es extraño, entonces, que surja la pregunta: ¿Está mal buscar kavod, es decir, el respeto y la honra de los demás? ¿Cómo podemos distinguir entre un deseo sano de ser valorados y una búsqueda dañina de atención o prestigio?

La respuesta es profunda y simple a la vez. El Rav Avigdor Miller, de bendita memoria, comparaba este impulso al de conducir un coche. El kavod es una herramienta poderosa, como un vehículo. Pero si no se aprende a manejarlo correctamente, se vuelve peligroso. Nadie se sube a un auto sin haber aprendido primero las reglas de tránsito. De igual forma, nadie debería perseguir la honra sin haber aprendido primero las enseñanzas de la Torá que guían su buen uso.

El deseo de que los demás piensen bien de uno puede ser un estímulo positivo si se canaliza con humildad, respeto y propósito. Pero cuando se busca destacar a costa de los demás, cuando se ridiculiza al prójimo o se actúa con ligereza —como quien hace bromas o payasadas en la sinagoga solo para ser visto— ese deseo se corrompe y pierde toda su santidad.

La Torá nos enseña a buscar la estima verdadera: no a través del espectáculo, sino del ejemplo. Un niño que en Shabat se ofrece a servir la mesa, o que sorprende a sus padres con un gesto de ayuda, gana su respeto de inmediato. Un esposo que se levanta a buscar un vaso de agua en lugar de pedirlo, no solo demuestra respeto, sino que cultiva el suyo propio. Eso también es kavod. No el que se exige, sino el que se gana.

La base de todo esto es lo que nuestros sabios llaman Derej Eretz —buenos modales, respeto y conducta adecuada— como afirma la Mishná en Pirkei Avot: “Derej Eretz kadmá laTorá”. Antes incluso de estudiar Torá, debemos cultivar el respeto por los demás, la sensibilidad por el entorno, y la capacidad de actuar con nobleza y autocontrol.