Como Podemos Estar Seguro de Algo

Queridos miembros de la comunidad, en estos tiempos en que la información abunda y las voces del mundo se multiplican, es natural que surja en nuestros corazones una pregunta profunda: ¿cómo podemos estar verdaderamente seguros de algo? ¿Cómo distinguir entre lo verdadero y lo ilusorio, entre lo sólido y lo efímero?

El pueblo judío ha vivido esta pregunta durante miles de años. En cada generación fuimos una minoría, navegando contra la corriente de sociedades que cambiaban sus ideas, sus modas, sus ídolos. Y, sin embargo, seguimos de pie. ¿Cuál fue nuestra fuerza? La claridad absoluta en la veracidad de nuestras convicciones. No una fe ciega, sino una certeza construida con estudio, reflexión y búsqueda sincera.

Vivimos en un mundo donde cada cultura, cada sociedad, afirma tener la verdad. Pero si cada una sostiene un mensaje distinto, comprendemos que no todas pueden estar en lo correcto. Existe, necesariamente, una verdad. Y nuestra tarea como judíos no es aceptar pasivamente aquello que heredamos, sino examinar, preguntar, analizar, hasta que lo verdadero sea para nosotros tan claro como ver los cinco dedos de nuestra mano.

La sociedad ejerce una influencia poderosa. Si hubiéramos nacido en otros lugares o culturas, probablemente pensaríamos muy distinto. Eso demuestra cuán frágil puede ser la convicción basada solo en la costumbre social. Pero la Torá nos enseña que el ser humano no fue creado para ser un reflejo automático de su entorno, sino para convertirse en una persona de pensamiento propio, que busca la verdad con honestidad y valentía.

Permitidme ilustrarlo con una reflexión: cuando estamos absolutamente seguros de algo —como de nuestra propia identidad o de la cantidad de dedos que tenemos— ninguna voz externa puede hacernos dudar. Esa firmeza es la que la Torá espera que tengamos con respecto a nuestras creencias fundamentales. No una aceptación por inercia, sino un conocimiento sólido.

Por eso el primer mandamiento no dice “cree”, sino “sabe que Yo soy Hashem”. Hashem no teme nuestras preguntas; al contrario, nos invita a formularlas. Quien prohíbe preguntar teme que su edificio se derrumbe; quien invita a investigar sabe que la luz de la verdad es suficientemente fuerte.

Nuestra tradición no nos pide fe irracional. Nos pide trabajo intelectual, reflexión profunda, estudio constante. La claridad no es un regalo: es el fruto de un esfuerzo sincero por comprender.

Y así, queridos congregantes, debemos vivir. Con una mente activa, no pasiva. Con una búsqueda sincera, no superficial. Con preguntas honestas y con la humildad de aceptar las respuestas, incluso si desafían nuestras suposiciones. La vida puede ser confusa, pero la verdad está al alcance de quien la busca de verdad.

Que sepamos construir convicciones fuertes como eslabones de una cadena sólida, convicciones que nos sostengan en los tiempos turbulentos y nos permitan educar a las próximas generaciones con seguridad, con profundidad y con luz.