Cuando Elevamos a Los Demás También Nos Elevamos a Nosotros Mismos

Esta semana leemos la Parashá Nasó, una de las secciones más profundas y extensas de toda la Torá. Y precisamente su nombre contiene una enseñanza transformadora para nuestra vida espiritual.

La palabra “Nasó” significa literalmente “elevar”. En la parashá, Hashem ordena realizar un censo del pueblo, pero la Torá no utiliza simplemente una palabra relacionada con “contar”, sino una expresión que implica levantar y elevar. Nuestros sabios explican que cuando la Torá cuenta a una persona, en realidad está reconociendo su valor, su misión y su responsabilidad dentro del pueblo de Israel.

La verdadera grandeza de una persona no se mide por cuánto recibe, sino por cuánto es capaz de cargar por los demás.

Vivimos en una generación que constantemente nos impulsa a pensar primero en nosotros mismos: en nuestro éxito, nuestras necesidades y nuestros deseos. Sin embargo, la Torá nos enseña un camino diferente. El crecimiento espiritual auténtico comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente “¿qué quiero para mí?” y empezamos a preguntarnos “¿qué puedo hacer por otro?”.

La Parashá Nasó nos recuerda que quien eleva a los demás, termina elevándose también a sí mismo.

Vemos este mensaje reflejado en los líderes del pueblo de Israel, los “nesiim”. La misma raíz hebrea de Nasó aparece en la palabra nasí, líder. ¿Por qué? Porque en el judaísmo un líder no es quien domina, sino quien sirve. No es quien busca honor, sino quien asume responsabilidad. El verdadero liderazgo nace de un “corazón de servicio”.

Nuestros sabios enseñan que el ser humano atraviesa círculos cada vez más amplios de responsabilidad. Primero aprende a hacerse responsable de sí mismo. Luego de su familia. Más adelante de su comunidad. Y finalmente, de todo Am Israel.

Así es como una persona crece verdaderamente: expandiendo su corazón.

También el matrimonio es presentado en nuestra tradición como una forma de elevación. La palabra hebrea para casamiento, “Nisuín”, comparte la misma raíz que Nasó. Casarse significa aprender a cargar con amor las preocupaciones, emociones y necesidades del otro. No como un peso, sino como un privilegio sagrado.

En un mundo donde muchas relaciones se vuelven descartables y superficiales, la Torá nos enseña que la verdadera conexión nace de la responsabilidad, la paciencia y la entrega mutua.

Quizás por eso nuestras plegarias están escritas en plural: “sánanos”, “perdónanos”, “bendícenos”. Porque un judío nunca reza solamente por sí mismo. El alma judía está llamada a vivir conectada con el dolor, las necesidades y las alegrías de los demás.

Esta semana, al escuchar la Parashá Nasó, preguntémonos: ¿A quién estoy ayudando a elevar? ¿De quién estoy haciéndome responsable? ¿Estoy viviendo solamente para mí o también para algo más grande?

Que Hashem nos conceda un corazón más sensible, más generoso y más dispuesto a servir. Y que podamos convertirnos en personas que eleven a sus familias, a sus comunidades y a todo Am Israel.

Porque cuando elevamos a los demás, también elevamos nuestra propia alma.