Esta semana reflexionamos sobre una pregunta que acompaña al ser humano desde los albores de la creación: ¿podemos cambiar nuestro destino a través de nuestra conducta? La Torá y nuestros Sabios nos enseñan que, aunque mucho en la vida parece estar determinado desde lo alto, el pueblo de Israel —“Israel lemaalá min hamazal”, Israel está por encima de la suerte— posee la capacidad única de elevarse por encima del destino y moldearlo con sus acciones.
La Torá nos dice claramente: “Vehayá im shamoa tishmeu” —“Si escuchan Mis palabras… recibirán bendición y abundancia.” Esto nos muestra que no todo está sellado: nuestra conducta abre o cierra los canales de bendición.
La Guemará relata historias que lo confirman. La hija de Rabí Akivá estaba destinada a morir el día de su boda, pero su acto de tzedaká —dar de comer a un pobre— cambió su destino y le salvó la vida. Así también, la madre de Rabí Najman bar Itzjak, advertida de que su hijo sería ladrón, fortaleció en él el temor a Hashem desde pequeño. Con su tefilá y educación, transformó su suerte, convirtiéndolo en un gran jajam de Israel.
Incluso Abraham Avinu miró las estrellas y vio que no tendría hijos. Pero Hashem le dijo: “Sal de tu astrología”, enseñándole que Israel no está limitado por los astros, porque nuestra conexión con el Creador trasciende la naturaleza.

Nuestros Sabios explican esta idea con una parábola: Hashem nos entrega “vino”, es decir, bendiciones y oportunidades; pero cada uno debe traer sus “barriles” para recibirlo. Esos barriles son nuestras mitzvot, nuestras buenas acciones, nuestra conducta diaria. El vino —la suerte— puede estar decretado, pero sin los barriles adecuados, nada podremos contener.
Por ello, cuando algo en la vida no sale como esperamos, debemos primero mirar hacia adentro. Así lo hizo Rab Huna, cuando se le avinagró todo su vino. Los Sabios le recordaron: “Hashem no hace nada sin justicia”. Solo después de examinar sus actos y corregirlos, su vino volvió a ser bendición.
Queridos hermanos y hermanas, Hashem nos ha dado herramientas para elevarnos por encima del destino: la Tefilá, la Tzedaká, el Jesed y el estudio de la Torá. Cada uno de estos actos puede transformar decretos, endulzar juicios y traer luz donde antes había oscuridad.
Que recordemos siempre que nuestro futuro no está escrito en las estrellas, sino en nuestras manos, en nuestras palabras y en nuestras decisiones. Que cada uno de nosotros pueda crear sus “barriles” con fe, esfuerzo y amor, para recibir el vino dulce de la bendición divina.













