Queridos miembros de nuestra comunidad: El fundamento emocional más profundo del matrimonio judío es la confianza. Cuando una pareja se coloca bajo la jupá, no sólo celebra un vínculo de amor, sino que establece una alianza sagrada y eterna, tal como enseña la Torá: “Y el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Saber que el matrimonio es para siempre brinda fortaleza en los momentos de dificultad y serenidad en la vida diaria. Así como no puede existir amor sin respeto, tampoco puede florecer el afecto si no existe confianza mutua. Cuando uno de los cónyuges duda del otro, el corazón se cierra y se dificulta la entrega emocional. Por lo tanto, construir confianza es una responsabilidad compartida y permanente.
Para ello, es esencial que nuestra palabra sea verdadera. Decir que haremos algo debe significar que efectivamente lo haremos. Un lenguaje ambiguo o evasivo crea expectativas falsas que pueden desembocar en frustración y heridas innecesarias. También es indispensable preservar la intimidad del hogar: lo que pertenece a la pareja debe permanecer en la pareja. Consultar asuntos matrimoniales con amigos o conocidos no sólo expone la relación, sino que puede dañar profundamente la confianza y, además, nos acerca a la transgresión de hablar lashón hará. En situaciones difíciles, la ayuda debe buscarse únicamente en manos de quienes pueden orientar con sabiduría: un rabino, un consejero matrimonial, alguien capacitado y objetivo.

Así también, ambos cónyuges deben procurar transmitir estabilidad emocional. La confianza sólo puede existir cuando el otro sabe que encontrará en su pareja un carácter equilibrado y una respuesta coherente. Las reacciones impulsivas, los enojos extremos, las amenazas de separación o los silencios punitivos dejan marcas dolorosas y pueden generar daños difíciles de reparar. Por ello, es necesario elegir cuidadosamente el momento de conversar asuntos delicados, controlar el impulso durante la discusión y, si es necesario, pausar para retomar el diálogo en un clima más sereno.
Si recordamos que el objetivo es siempre construir y no destruir, si actuamos con sensibilidad, respeto y responsabilidad, entonces con la ayuda de Hashem podremos fortalecer nuestros hogares, incrementar nuestra confianza mutua y permitir que el amor crezca sin límites. Que el Creador bendiga a cada uno de nuestros matrimonios con comprensión, paz y armonía. Amén.













