Queridos miembros de nuestra querida comunidad: Es importante recordar que somos descendientes de Abraham Avinu, el padre de nuestro pueblo, y por lo tanto herederos de su legado de bondad, generosidad y hospitalidad. La Torá nos relata que, en el tercer día después de su brit milá, Abraham sufría un gran dolor físico. Era un día de calor intenso, y Hashem hizo que ese calor aumentara para que no pasaran viajeros por su tienda, evitando así que Abraham se sintiera obligado a recibir invitados. Sin embargo, la mayor angustia de Abraham no provenía del dolor de su cuerpo, sino del hecho de no poder cumplir con la mitzvá de hajnasat orjim, recibir huéspedes.
Hashem, viendo el anhelo sincero de Abraham de hacer el bien, le envió tres ángeles disfrazados de viajeros. A pesar de estar siendo visitado por la Presencia Divina misma y encontrarse en estado de debilidad, Abraham se levantó y corrió a recibirlos, ofreciéndoles comida, descanso y atención. Nuestros Sabios enseñan a partir de este episodio que recibir huéspedes es más grande que recibir la misma presencia de Hashem, pues el acto de servir al otro con amor, respeto y entrega refleja la imagen Divina que reside en nosotros.

Aprendemos de aquí que la verdadera hospitalidad no consiste únicamente en abrir la puerta de nuestra casa, sino en abrir nuestro corazón. Recibir a un invitado implica hacerlo sentir cómodo, honrado, y atendido en todas sus necesidades: ofrecerle bebida, mostrarle dónde puede lavarse y descansar, servirlo con dulzura, serenidad y alegría. Y cuando el huésped esté por retirarse, es apropiado acompañarlo hasta la puerta y despedirlo con palabras cálidas, haciéndole saber que siempre será bienvenido.
Así como Abraham nos enseñó a dar sin cálculo y a brindar más de lo que se nos pide, así nosotros debemos esforzarnos en mantener viva esta luz en nuestros hogares. Un acto de hospitalidad no sólo fortalece la amistad y el cariño entre las personas; también atrae bendición a la casa y eleva el alma de quien da y de quien recibe. Y cuando el huésped nos diga: “Gracias, la pasamos muy bien”, respondamos con sinceridad y alegría: “Las puertas de nuestra casa están siempre abiertas para ustedes; gracias por venir”.
Que el mérito de esta noble mitzvá ilumine nuestros hogares con paz, calidez y abundancia, y que podamos continuar reflejando en nuestras vidas el ejemplo vivo de Abraham Avinu. Amén.













