El Miedo

El miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento, por lo general desagradable, provocado por la sospecha de un peligro, real o supuesto, inminente, a futuro o incluso a algo que sucedió en el pasado.

Es cierto, el miedo es un sentimiento que incomoda a la gente puesto que lo ven como una emoción negativa; pero por otro lado, hay gente que incluso está dispuesta a pagar dinero para sentir la emoción del miedo con esa descarga de adrenalina, como por ejemplo, ver películas de terror, subir a la montaña rusa, o saltar al vacío atado de una soga, el famoso Bungee.

El sentimiento de miedo lo podemos dividir en dos clases, el primero es positivo y el segundo negativo. El negativo nos debilita, nos entorpece, nos confunde, y el segundo, el positivo nos puede provocar estimulo.

Desde el punto de vista científico, el miedo es un reflejo interno, un mecanismo de supervivencia y de defensa, que le permite al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo.

Como hemos visto, el ser humano tiene una serie de sentimientos innatos, y uno de ellos, y quizá sea una de las características principales para su supervivencia, siempre ha sido el miedo. Aunque limitador, puede ser beneficioso por igual.

El miedo ha sido el culpable de guerras e incultura, y a la vez, inspirador para crecer con fe desarrollando las disciplinas de crecimiento personal vitales para nuestra supervivencia. El miedo se encarga en muchas ocasiones de hacernos conscientes de los peligros externos que nos pueden amenazar a lo que nuestro organismo reacciona involuntariamente o de una manera entrenada para tal.

La Torá hace mención al miedo en su primer libro Bereshit. En concreto, el miedo se convierte en atributo humano por causa del plan divino:

“El Eterno Di-s llamó al hombre y le dijo: “¿donde estas?”. Y respondió: he oído tu voz en el jardin, y tuve miedo”… (Bereshit, 3,9)

En el tratado de Pirque Avot se nos enseña que si sabemos utilizar el miedo como herramienta, podemos crear una fuente para desarrollar nuestro potencial.
El sentimiento de miedo nos brinda la oportunidad de poder ver las consecuencias peligrosas de una situación y nos da la posibilidad de entender la realidad de Dios como Aquel que dirige al mundo y ver cuánto se puede perder por no tomar ventaja de una oportunidad específica.

El temor es la esencia del libre albedrío. El libre albedrío es la habilidad de elegir entre el bien y el mal. La realidad es objetiva. Las posibilidades que tenemos para crecer pueden ir y venir, ya sea que las reconozcamos o no. Hay que abrir los ojos para ver las oportunidades que tenemos enfrente, y también ver lo que podríamos perder si no las aprovechamos. El miedo es una herramienta de ayuda para poner en práctica el libre albedrío. Cuando la persona no hace el esfuerzo de verificar lo que está perdiendo en ese instante, puede llegar a perder mucho. Sin embargo si logramos sentir ese estímulo que nos obliga a hacer o actuar podremos usar el miedo en una forma positiva.

Hay 3 razones por las cuales las personas están en contra del miedo:

1- porque es doloroso y carente de placer

2- porque corta nuestra libertad

3- porque demanda algo de nosotros, y no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer. Pero esto es referente al miedo negativo.

Pero si ocurre en el momento adecuado y por la razón adecuada, el miedo puede ser una vivencia positiva.
¿Qué es lo contrario al dolor? La mayoría de la gente contestaría, placer. sin embargo Pirké Avot nos enseña dice que es la comodidad. El dolor es el precio que pagamos por las cosas positivas. (por ejemplo: hacer dieta, tener un título universitario, criar hijos, tener paz en el hogar, la convivencia entre amigos, etc).
Y estas son formas positivas del dolor.

El resultado de “ese dolor”, es que cada momento de la vida lo viviremos con más conciencia y con mas motivación, tornándolo en un placer muy grande. Esto implica que el miedo bien aplicado trae placer. Lo que paraliza a la persona es el shok, el trauma, no el miedo. El miedo le da energía.

El miedo también implica libertad de acción. El tener miedo a perder oportunidades, hace que manejemos nuestra propia vida, y no dejemos que otros nos manejen.