El Nombre de Moshé

Esta semana leemos la Perashá Vaikrá, el comienzo del libro de Levítico. La Torá abre con una frase muy especial:

“Y Di-s llamó a Moshé…”.

Nuestros sabios enseñan algo sorprendente sobre esto. El Midrash dice que Moshé tenía diez nombres, y cada uno representaba una grandeza distinta: uno por haber bajado la Torá del cielo, otro por su sabiduría, otro por su liderazgo. Sin embargo, Di-s eligió llamarlo solamente por un nombre: Moshé, el nombre que le dio Bitiá, la hija del Faraón, cuando lo sacó del agua.

Aquí surge la pregunta: ¿por qué ese nombre? ¿Por qué Di-s eligió justamente el nombre que parece honrar más a Bitiá que al propio Moshé?

Nuestros sabios explican una enseñanza profunda. Cuando una persona actúa con una cualidad hacia otra, esa cualidad queda grabada en el alma del otro. Bitiá arriesgó todo para salvar a ese niño: desobedeció el decreto de su propio padre, el faraón, que ordenaba matar a todos los niños judíos. Ese acto fue un acto enorme de sacrificio personal.

Y ese sacrificio quedó marcado en la esencia de Moshé.

Por eso Di-s lo llamó Moshé. Porque un verdadero líder del pueblo judío no se define por su grandeza intelectual ni por su poder, sino por su capacidad de sacrificarse por los demás.

Nuestros sabios enseñan también que el pueblo judío tiene tres rasgos especiales: misericordia, modestia y bondad. ¿De dónde vienen? De que Di-s actúa con bondad hacia nosotros. Y cuando alguien recibe bondad, esa bondad entra en su corazón y luego la transmite a otros.

Esto nos deja una gran lección para nuestra vida diaria.

Cuando tratamos a alguien con amor, sembramos amor.

Cuando tratamos a alguien con respeto, sembramos respeto.

Cuando mostramos bondad, estamos formando el carácter del otro.

Esto es especialmente cierto con los hijos, con la familia, con los alumnos, con cualquier persona que nos rodea.

Moshé fue tratado con sacrificio… y se convirtió en el mayor ejemplo de sacrificio por su pueblo.

Que en esta Perashá Vaikrá podamos aprender a influir en los demás con nuestras acciones, sembrando bondad, humildad y entrega.

Y que tengamos el mérito de transmitir esas cualidades a quienes nos rodean.