Época de Cambios

Estamos atravesando una época de cambios. Cambios vertiginosos que sacuden no sólo al mundo material, sino también —y especialmente— al mundo espiritual. Lo vemos en todos los ámbitos: en la tecnología, en los vínculos, en la sociedad, en la forma de vivir… y también en la forma de creer.

Hace apenas dos siglos comenzó lo que los historiadores llaman la Era Industrial. Desde entonces, el avance no se ha detenido. Pasamos del caballo al automóvil, de la máquina de coser a la inteligencia artificial, de los planos a mano al diseño digital en 3D. Todo se volvió inmediato, portátil, desechable.

¿Para qué, entonces, tantos inventos? El Jafetz Jaim explicó que esta aceleración es en realidad una misericordia divina, para que tengamos más tiempo para estudiar Torá y no nos avergoncemos cuando llegue el Mashiaj. Herramientas como el celular, la computadora o el auto no son el fin, sino los medios para un propósito superior: acercarnos más a Hashem y a Su sabiduría.

El Zohar, escrito hace más de 2000 años, anticipó esta revolución. Enseña que en los 600 años del sexto milenio —nuestros tiempos— se abrirían las compuertas de la sabiduría superior e inferior. El mundo se estaría preparando, como el hombre que se baña y viste antes de entrar al Shabat, para la llegada del séptimo milenio, el tiempo mesiánico.

Pero no solo hay cambios materiales. También los hay, y muy profundos, en el plano espiritual.

La pandemia del COVID-19, el ataque del 7 de octubre, las guerras, los enfrentamientos, los milagros… Todo esto no ocurre por azar. En cada acontecimiento hay un mensaje, un llamado del Cielo. ¿Lo estamos escuchando?

Vemos un despertar enorme en Am Israel. En Israel, soldados laicos salieron al frente con tzitzit y talitot. Gentiles buscan convertirse al judaísmo. Muchos que antes se sentían ajenos, hoy se aferran a las mitzvot como una tabla de salvación. Vuelven a las fuentes, con un anhelo sincero de verdad.

Y, sin embargo, también hay quienes no ven. O no quieren ver. Atribuyen todo a la tecnología, al poderío militar, a la política internacional. Pero, ¿cómo explicar tantos milagros? ¿Cómo no ver la Mano de Hashem?

El Talmud enseña que antes de la Gueulá (Redención), se cumplirían ciertas señales. Hoy ya no hablamos de predicciones lejanas: las estamos viendo con nuestros propios ojos.
Estamos siendo testigos de hechos que jamás hubiésemos imaginado. Y no podemos, no debemos, permanecer indiferentes.

Dice la Torá en Parashat Ki Tavó: “Y enloquecerás por lo que verán tus ojos”. Cuando tratamos de comprender los hechos desde la lógica humana, simplemente no tienen explicación. Pero cuando los miramos a la luz de la Torá, todo cobra sentido.

Una vez fuimos esparcidos entre las naciones —y la Torá lo anunció. Y ahora, de forma asombrosa, estamos volviendo. Miles de judíos retornan a Israel. Y no sólo vuelven a la tierra: también vuelven al pacto, a la Torá, a las raíces.

Como dice la Parashat Nitzavim:
“Y retornarás al Eterno tu Di-s y escucharás Su voz… tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma.”

Ese es el desafío. Y también la promesa.
Quiera Hashem que podamos responder a Su llamado, crecer en emuná, aferrarnos a Sus preceptos y prepararnos con fe y alegría para recibir, muy pronto, al Mashiaj.