Por la mañana, cuando todo parece iluminarse y el éxito acompaña los pasos, una persona puede ver con claridad la gracia de Di-s. Es en los días buenos cuando reconocemos que la abundancia no es fruto de la casualidad, sino un regalo del Creador. “Porque en la luz de Tu rostro nos has dado vida…”.
Pero es durante la noche —en los momentos de oscuridad, confusión, tristeza o soledad— cuando se revela la verdadera fe. Cuando no hay alegría, cuando la mente se cierra y el alma se siente pesada, ahí es donde la emuná (fe) brilla con más fuerza. Solo en la oscuridad se puede valorar la luz.
Una historia real lo ilustra. Un rabino, conferencista y difusor del judaísmo, viajó a una ciudad de Israel para dar una charla. Antes del evento, pensó en grabar un breve video para redes sociales con un mensaje de inspiración. Fue a la playa con su asistente, ya que era invierno y el lugar estaba desierto. Pero lo que debía durar dos minutos se extendió: fallaba el audio, la imagen, todo parecía complicarse sin razón. Después de mucho esfuerzo lograron grabar el video y regresaron al hotel.
Un rato más tarde, un activista de su organización lo llamó varias veces, pero el rabino estaba ocupado. Poco antes de comenzar su charla, logró devolverle la llamada. El activista le preguntó: “Rabino, ¿usted estuvo en la playa hoy?”. El rabino, sorprendido, respondió que sí. “Una joven de la ciudad lo vio allí —le explicó el activista—. Está atravesando una crisis muy profunda. Hoy fue a la playa decidida a quitarse la vida. Llevaba un frasco de pastillas. Pero cuando lo vio a usted grabando, se escondió y escuchó su mensaje… y algo cambió en ella. Sintió que Di-s le estaba hablando. Tiró las pastillas al mar y nos llamó para pedir ayuda”.

Ahí comprendió el rabino: lo que parecía una grabación fallida, era en verdad la herramienta divina para salvar un alma. En la oscuridad más profunda, la luz de la fe se manifestó con intensidad. Y así se cumple el versículo: “Tu fidelidad por las noches”.
A veces creemos que los milagros son cosas extraordinarias, pero la verdad es que todo es milagro. La diferencia entre milagro y naturaleza no existe realmente. Lo que llamamos “naturaleza” es solo aquello a lo que nos acostumbramos. Pero incluso lo cotidiano —el sol que sale, el aire que respiramos, el latido del corazón— es obra directa de la voluntad de Di-s.
Como enseñó el Rav Dessler en su obra Mijtav MeEliyahu, la naturaleza es solo un velo que oculta al Creador. Es una prueba: ¿podés ver a Di-s incluso cuando todo parece “normal”? Cuando una persona rompe esa ilusión y vive sabiendo que todo es la voluntad divina, entonces ya no necesita ese ocultamiento, y comienza a vivir por encima de la naturaleza.
La verdadera fe no consiste en ver milagros, sino en reconocer que todo, incluso lo que parece ordinario, viene de Di-s. Tanto los éxitos como los fracasos, tanto la luz como la sombra, son partes de un mismo plan. Y cuando confiamos en eso, incluso en las noches más oscuras, encontramos sentido, fuerza y esperanza.
Porque aun cuando nosotros nos olvidamos de nosotros mismos, Di-s nunca se olvida de nosotros. Él piensa en cada uno, a cada instante. Y en medio de la oscuridad, su luz está más cerca que nunca.













