La Torá Como la Canción de Di-s

Esta semana leemos la perashá Vaiélej, en la cual Moshé, en los últimos momentos de su vida, entrega al pueblo de Israel una enseñanza de enorme profundidad. Está escrito: “”Ahora, pues, escriban para ustedes este canto y enséñalo a los Hijos de Israel. Ponlo en sus bocas, para que este canto sea testimonio para Mi frente a los Hijos de Israel” (Devarim 31:19).

La Tradición nos enseña que este versículo no se refiere únicamente al cántico de Haazinu que aparece en el capítulo siguiente, sino a toda la Torá. De aquí surge el último de los 613 preceptos: la mitzvá de escribir un Séfer Torá, o al menos participar en su escritura. Con esto, Moshé transmite al pueblo que la Torá no es un legado estático, sino que debe ser renovada en cada generación, vivida y transmitida como algo vivo y cercano.

Nuestros sabios preguntan: ¿por qué la Torá es llamada “shirá”, una canción? El Natziv explica que, como la poesía, la Torá insinúa más de lo que dice explícitamente, y nos invita a profundizar en sus múltiples significados. El Aruj HaShulján agrega que, al igual que una melodía que se enriquece con diferentes voces en armonía, la Torá se engrandece con las múltiples interpretaciones y discusiones de los jajamim a lo largo de las generaciones.

Así comprendemos que la Torá es más que un texto: es la canción eterna de Hashem. Una melodía que nos une como pueblo y nos conecta con lo Divino. Como toda canción, despierta no sólo la mente, sino también el corazón. Y es justamente eso lo que la mitzvá nos enseña: no basta con recibir la Torá, debemos hacer que renazca en cada generación, con emoción, compromiso y amor.

Que podamos vivir la Torá como la canción de Hashem, elevando nuestras voces en armonía, y que esa melodía nos guíe hacia la unidad, la kedushá y la gueulá.