Linea Directa

Permítanme hoy compartir unas palabras desde el corazón, con el tono solemne y respetuoso que merece el tema que nos convoca: la tefilá, nuestra línea directa con el Creador.

La tradición nos enseña, en el Yalkut Shimoni sobre Vaetjanán, que existen trece tipos diferentes de plegarias, cada una nacida de un estado emocional distinto. Hay tefilot que brotan de la alegría —riná— cuando el alma rebosa gratitud. Hay plegarias que surgen del anhelo profundo —pilul— cuando buscamos aproximarnos a Hashem. Pero la más frecuente es aquella que nace de la angustia, del vacío, de la sensación humana de carecer de algo.

Esto no es casual. El ser humano fue creado con esa sensación de carencia, con esa inquietud que rara vez nos permite sentirnos completos. ¿Por qué? Porque ese vacío es el puente que nos impulsa hacia la conexión con D’os. Un animal encuentra naturalmente lo que necesita; el ser humano, en cambio, está siempre buscando, siempre añorando, siempre deseando. Y dentro de esa búsqueda está el anhelo más profundo: sentir que somos vistos, amados y escuchados por el Creador del mundo.

Nuestros Sabios dicen en Yevamot 64a que los patriarcas fueron estériles porque Hashem “desea la plegaria de los justos”. No porque quiera causar dolor, jas ve’shalom, sino porque sabe que el encuentro más íntimo entre la criatura y su Creador ocurre cuando abrimos nuestro corazón desde la vulnerabilidad. Así como una relación humana se profundiza cuando compartimos nuestras angustias, así también la relación con D’os se fortalece cuando Le hablamos desde nuestro vacío.

A veces, ese vacío es temporario. Hashem nos envía una dificultad para que recemos, y cuando se cumple el propósito —cuando logramos acercarnos a Él— la dificultad desaparece. En otros casos, la dificultad es parte de nuestro mazal, de nuestro destino, algo que viene a refinarnos y acompañarnos a lo largo de la vida. Y en esos momentos, la tefilá no cambia la situación, pero cambia cómo caminamos con ella. Nos da fuerzas, aceptación y la certeza de que no estamos solos.

Por eso el rey David nos dice en Tehilim 27:14:
“Pon tu esperanza en Hashem, fortalece y afianza tu corazón, y pon tu esperanza en Hashem.”
Repetición que no es casual: debemos esperar y confiar, y al mismo tiempo aprender a aceptar Su voluntad, incluso cuando no la comprendemos.

La tefilá es reconocer que D’os está involucrado en cada aspecto de nuestra vida. No hay pensamiento que Él no escuche, no hay temor que no comprenda, no hay súplica que quede sin respuesta. A veces la respuesta es “sí”, a veces “todavía no”, y a veces “esto no es para tu bien”. Pero siempre, siempre, es una respuesta de amor.

Querida comunidad: si sienten angustia, si sienten un vacío, si sienten que algo falta, sepan que eso no es un castigo. Es un llamado. Es Hashem tocando la puerta del corazón.

La pregunta es:
Si Él nos está llamando… acaso no deberíamos responder?