Metas y Deseos

Esta semana leemos la Perashá Vaiakel (ויקהל), en el libro de Shemot (Éxodo 35:1–38:20). Es una porción que, a simple vista, describe la construcción del Mishkán —el Tabernáculo— con minuciosos detalles técnicos. Sin embargo, como toda sección de la Torá, encierra una enseñanza eterna para nuestra vida espiritual.

La Torá nos dice repetidamente: “Kol nediv lev” —“Todo aquel cuyo corazón lo impulse”. No se trataba únicamente de aportar oro, plata o telas preciosas. Se trataba de algo mucho más profundo: ofrecer el corazón. El Mishkán no fue construido por arquitectos formados ni por artesanos con años de experiencia; fue edificado por hombres y mujeres que, hasta poco tiempo antes, eran esclavos en Egipto. No poseían entrenamiento profesional ni habilidades extraordinarias.

¿Entonces cómo lograron crear una morada tan sublime para la Presencia Divina?

Nuestros Sabios explican que el deseo sincero despertó en ellos capacidades que desconocían poseer. Cuando el corazón arde con anhelo de servir al Creador, el Cielo concede las herramientas necesarias. La voluntad precede a la habilidad. Primero el impulso interior; luego, la bendición que lo concreta.

Esta es una lección fundamental en la vida del judío. Con frecuencia sentimos inspiración: comenzar un proyecto de estudio, fortalecer el Shabat, mejorar nuestro carácter, ayudar a otro. Pero enseguida surge la voz de la duda: “¿Seré capaz? ¿Tengo tiempo? ¿Es realmente para mí?”. La parashá nos enseña que, cuando la intención es construir un “Mishkán” en nuestra vida —un espacio donde la Shejiná pueda habitar—, no debemos paralizarnos por nuestras limitaciones aparentes.

El Santo, Bendito Sea, no exige perfección previa; pide un corazón dispuesto.

Que en esta semana de Vaiakel podamos reunir —como indica su nombre, “y congregó”— nuestras fuerzas dispersas, nuestros talentos y anhelos, y orientarlos hacia un propósito sagrado. Cuando el corazón se ofrece con sinceridad, el Creador completa aquello que nos falta.

Que sepamos dar el primer paso, y que veamos cómo, con ayuda del Cielo, se abren los caminos delante de nosotros.